Fue hace casi un año que se me ocurrió, en plena efervescencia de ChatGPT, curiosear pidiendo al mentado chunche que redactara una columna al estilo Australadas, de este fulano que escribe. El texto estaba dedicado a la presencia de cráteres en el Valle de Toluca y pedí que se hiciera énfasis en el uso lúdico y ácido del lenguaje. Parte del resultado de la ocurrencia fue lo siguiente:
“Ya ni siquiera decimos ‘hay un bache’, decimos ‘creo que vi tierra firme entre dos agujeros’. Porque si algo hay en abundancia en este valle no son árboles, ni transporte eficiente, ni oxígeno puro: son hoyos negros que desafían la física y la paciencia.
Y ni hablar de los parches, obras maestras de la ingeniería que duran menos que un meme en TikTok. A veces tapan un socavón con algo parecido al engrudo y con buena voluntad. O solo le echan tantita tierra, lo bendicen y esperan que no regrese… Spoiler: regresa, más grande y con amigos. Y en tanto, uno ya aprendió a conducir como si estuviera en un rally, zigzagueando, rezando y con un ojo en el retrovisor y otro en el fondo de la Tierra”.
Es muy probable que, si ahora mismo pidiera a alguna inteligencia artificial que replicara el prompt, el resultado sería mejor no sólo por la similitud que pudiera tener con la forma de escribir del mentado columnista, sino porque los motores de búsqueda han mejorado, perfeccionando la producción de contenidos.
Lo que al parecer no ha cambiado es la vocación humana por no atender con eficiencia los problemas que se le presentan. Y es que otra vez las lluvias han vuelto a aparecer en este valle de lágrimas y nuevamente esta región es presa de la incompetencia de quienes tendrían que asegurar un asfalto en buenas condiciones y evitar riesgos en la población al conducir por las vialidades.
Mucho se puede argumentar al respecto, la cantidad de lluvia, la mala calidad del asfalto, la madre que los parió. Lo único cierto es que la experiencia del año pasado no sirvió de nada para anticiparse a este tipo de anormalidades. Y más bien tendría uno que ir pensando en normalizar ver las calles como chiquero, dado que las oquedades no sólo no disminuyen, sino que van haciéndose cada día más grandes.
En el colmo de los casos, el problema no es que se tape alguno o muchos, sino que a pesar de ello aparecen 3, 5 o 10, con cada inútil esfuerzo que llevan a cabo los responsables tratando de hacer como que hacen y no hacen gran cosa.
Para estar a tono con las demandas de la vanguardia, habría que pedir a ChatGPT que se moche con una buena solución para este tipo de embrollos, o por lo menos que preste un poco de su inteligencia para prodigarla en quienes a todas luces no dan pie con bola. Esos que, irónicamente, están en el hoyo.