Multitask

Estado de México /

Una cosa se le pidió que hiciera, una sola cosa… Es una de esas frases que de tan frecuentes se han convertido infaltables en las conversaciones cotidianas. Sabemos que la consecuencia tiene que ver con lo mal que se hizo algo. Y el antecedente es la chambonería de quien, o no supo hacer lo que se esperaba, o le valió dos kilos y medio de aguayón torneado hacerlo, ya no digamos bien, hacerlo a secas.

Eso suponiendo sin conceder que en realidad tuviera los cinco sentidos puestos en la dichosa meta y que estuviera consciente de lo que implicaba. Lo cual es de dudarse porque estamos inmersos en una época en que uno de los valores que más se exaltan es ser tareas múltiples.

Estar en el aquí y ahora pareciera que se ha convertido en una especie de utopía posmoderna. Eso que tanto pregonan los yoguis, los entusiastas de la meditación y algunos coaches de vida, empeñados en tachar de negativa la inercia de la gente por estar en todo y en nada. O, peor aún, por estar en cualquier sitio menos en donde deberían estar.

El asunto no es gratuito, así como están los que compran más libros de los que pueden leer, hay quienes, cual si se tratara de un dispositivo electrónico (tableta, computadora o teléfono), tienen abiertas más conversaciones, páginas y aplicaciones de las que la vida les permite llevar a cabo.

Esto asumiendo que fuéramos capaces de prestar atención a más de una cosa y digo atención en el sentido absoluto. Pero se nos ha hecho creer que la diversificación de los recursos tiene que ser directamente proporcional a nuestra capacidad de sustraernos de nada y tener presencia absoluta. Algo que como habitantes de este planeta no sólo es inviable y sino demás absurdo.

Por si esto no fuera demasiado, el problema es que la dispersión mental que se tiene es resultado de hábitos heredados de los dispositivos y su dinámica emergente y de corta duración, cuyo alcance en la totalidad de los temas hace creer que las habilidades humanas van en la misma sintonía.

Si a eso añadimos pobres competencias a la luz del pensamiento crítico y de la reflexión por parte de los “multitaskeros”, el resultado es tan vano como poco esperanzador. Pero eso sí, es eficiente, pues consigue explicar con exactitud la inoperancia de oleadas de enajenados que, como dirían los clásicos, abarcan mucho y aprietan poco.

Buscando paliar la sobrecarga mental y gestionar mejor el presente, me he dado a la tarea de buscar opciones literarias: Una cosa a la vez, Devira Zack; Solo una cosa, Gary Keller y Jay Papasan, y El método timeboxing: el poder de hacer una cosa a la vez, de Marc Zao-Sanders. El riesgo, de esos que hacen de una ocurrencia el colmo, es que le dé a uno por chutarse todos y ninguno al mismo tiempo.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite