Por azares del destino y demasiadas carencias en la telebasura que hoy día puebla las pantallas mexicanas, me he visto en la penosa necesidad de volverme un asiduo consumidor de videos de YouTube. Lo reconozco, soy old, así de old. Y aunque no entiendo bien a bien si es una virtud o un vicio, me clavo en el asunto y simplemente me dejo llevar.
El riesgo inherente a tal hábito de dudosa calaña es, por un lado, tener que chutarse los anuncios (estoy plenamente convencido de que con mi sintonía los de la plataforma están más que pagados y ni de coña adquiriré una cuenta premium). Y, por otro, que se vuelve un círculo nada virtuoso andar picándole al chunche, cuyo escenario adquiere la forma de hoyo de conejo, es decir, interminable.
Lo curioso del caso es la cantidad de temas, recursos y posibilidades de la plataforma, en oposición a las limitadísimas formas en que se sigue haciendo televisión en la actualidad. Es cierto que en muchos casos la calidad de las producciones deja tanto o más que desear que en el formato de enajenación mediática tradicional, pero en otros, además de proveer información atractiva, ocurre de manera extraordinaria.
Entiendo que una de las ventajas de su consumo es la inmediatez, a pesar de los comerciales y el consecuente empleo de algún bloqueador de publicidad que a veces birla a la plataforma y otras impide la reproducción de videos. Así como la duración de los recursos, en una época en que la atención del espectador es quizá el capital más valorado en la industria del entretenimiento digital.
Y más contando con tantas opciones a la mano que dejan al descubierto lo demasiado que hay por ver y el poco tiempo del que se dispone para ello. Amén de la actualidad o no del ecosistema al que se acuda para estar in en materia de producciones audiovisuales, perteneciendo a un colectivo fresco con consumos instantáneo y emergentes, o anacrónico y proclive a la narrativa youtubesca.
El consuelo que me queda es que uno de mis sobrinos que no es old, así de old, con sus flamantes 10 años habitando este planeta también es cliente frecuente del numerito. Aunque, claro, lo suyo es mirar a otros practicar videojuegos con narración incluida o atestiguar el storytelling de una monita que hace distintos personajes y que en la edición simula una conversación entre ellos.
Cómo estarán las cosas que, a la hora de usar el control remoto, el botón de más uso luego del encendido es el del acceso inmediato a la red social de marras y no a “Nesflis” o los canales de la oferta cablera. Aunque, como diría aquel, siempre quedará la alternativa de apagar el aparato y dedicarse a hacer algo menos ocioso e intrascendente.