¿Y si sí?

Estado de México /

Escribo estas líneas horas antes del partido de 16avos que enfrentará a la “Salación” Nacional con el combinado ecuatoriano en el Mundialito de pambol. A estas horas del día no es posible más que especular lo que pudiera llegar a ocurrir.

El deseo de la raza tenochca, como es obvio y exceptuando a los cangrejistas, es que la ratonada verde pase a la siguiente fase. Con todo lo que ello implica, como seguir jugando en el Estadio Azteca (me niego rotundamente a llamarle al estilo de la FIFA o, peor aún, con el mentado apelativo bancario).

También representa la posibilidad de que la banda enloquezca con semejante realidad. Si con tres partidos rascuaches fueron millones los que tomaron las calles, no quiero imaginar lo que podría suceder de ganarle a los sudamericanos. Y, yendo más allá, si al enfrentar a Inglaterra o a Congo en la fase de octavos lograran la hazaña de vencerles.

Esta competencia global ha traído consigo varios escenarios. Costos por las nubes con una absurda y exorbitante demanda; voracidad de los organizadores y recelo porque la rentabilidad se les vaya de las manos; pasiones desbordadas y una necesidad de celebrarlo todo. Y un espectáculo por el que los pequeños están dando campanadas al vencer a los grandes.

Ante estas circunstancias es posible la gesta tricolor, porque ocurre en tierra mexicana y porque hoy más que nunca el destino es incierto. Tal vez por eso flota en el aire la madre de todas las preguntas que titula esta columna.

Hemos pasado de ser la nación del “sí se puede” (mantra que nos recetamos hasta el hartazgo, sobre todo porque estábamos casi seguros de que históricamente no se podía), a creer en algo por pura ley de probabilidades, por corazonada o simplemente porque sí.

En casos como estos, suelo recordar aquella sentencia que Monsiváis soltaba desde su podio acidificado, alegando creer en los milagros sólo cuando ocurrían. Prefiero eso a la ingenuidad del Che(pillín) Guevara y su romantizable “seamos realistas, pidamos lo imposible”.

Para cuando estas líneas vean la luz sabremos si sí fue posible, al menos por ahora. Y si sí continúa el hambre de fe en torno al puñado de seres persiguiendo una esférica. Si no fue un nuevo desencanto al ritmo de jugamos como siempre y perdimos igual que siempre.

Mientras eso acontece, que ruede el balón, se siga alienando la gente con trapos verdiblancos e hinchando de billetes los sospechosos comunes. Y que pase lo que tenga que pasar.


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