Altruismo frente a la barbarie

  • Prospectivas
  • Carlos Iván Moreno Arellano

Ciudad de México /

Aporofobia es un neologismo desarrollado por la filósofa española Adela Cortina (2017). Significa rechazo, aversión, temor y desprecio a la pobreza como expresión material de la vulnerabilidad humana. Aunque esta “fobia a la pobreza” es una respuesta individual natural, biológica y evolutiva, es paradójicamente contraria al estímulo social, también evolutivo, de empatía hacía los más vulnerables.

De acuerdo con la autora, contrario a la barbarie, el altruismo, más que un imperativo moral, es también un mecanismo socio-evolutivo civilizador por el que se asegura la preservación de la especie. Gracias a la empatía, se establece socialmente una dinámica integral de cuidados en torno a quienes están más expuestos a la hostilidad, a fin de asegurar la supervivencia mutua.

Hoy el mundo vive catástrofes y barbaries cotidianas. Van más de 14 mil muertos por la invasión de Rusia a Ucrania. Una cifra de víctimas equiparable a la del brutal conflicto Israel-Hamás, pero en apenas un mes.

Aquí en México, la devastación por el huracán Otis dejó 48 muertos y 296 mil niñas, niños y adolescentes damnificados y en riesgo (UNICEF). Además, pérdidas económicas por casi 300 mil millones de pesos.

En el dilema entre ayudar o no se juegan las definiciones más profundas de lo que cada uno entiende por civilidad y barbarie. Ese “velo de la ignorancia” que nos planteaba John Rawls.

El gran enemigo del altruismo es la desconfianza. En México, es la principal razón por la cual el 58% de la población prefiere no donar a organizaciones filantrópicas o instituciones dedicadas a la asistencia social; el 84% cree que es mejor ser desconfiado (cutt.ly/2wRtj6s7). Hay razones para ello, por ejemplo, el mal uso de los donativos para quienes fueron víctimas de los terremotos del 2017 en CdMx. La corrupción, nuestro gran lastre.

En contextos de catástrofe natural y barbaries bélicas –y ante la mezquindad política y presupuestal de los gobiernos–, el altruismo y la empatía son poderosas herramientas civilizatorias para la reconstrucción del tejido social y el espacio común.

Apostar por el altruismo es rehuir de la barbarie. Representa la civilidad y la supervivencia colectiva.


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