Edgar Morin: la “multiversidad” para la incertidumbre

  • Prospectivas
  • Carlos Iván Moreno Arellano

Jalisco /

La gran lección que nos deja el pensador francés Edgar Morin es incómoda, pero más necesaria que nunca: la incertidumbre no es una falla del conocimiento; es la condición misma de la existencia humana. Durante siglos buscamos certezas. Construimos teorías y disciplinas para ordenar la complejidad del mundo, pero la realidad siempre termina desbordando esquemas. Pensamos de verdad cuando aquello que creíamos comprender deja de encajar. Cuando las respuestas heredadas dejan de ser suficientes.

De esa convicción nació el pensamiento complejo: los grandes problemas nunca pueden explicarse desde una sola perspectiva. Están hechos de relaciones, contradicciones, contextos y efectos inesperados. Todo conocimiento es incompleto. Su valor reside en mantener siempre la duda; la apertura a nuevas preguntas.

No es casualidad que esta idea surgiera en tiempos de crisis. Morin recordaba que las bases de su pensamiento comenzaron a formarse en la resistencia francesa contra el nazismo. Por eso su obra conserva una vigencia extraordinaria. La crisis de nuestro tiempo tiene otros nombres: cambio climático, inteligencia artificial, desinformación, polarización, desigualdad. Pero la tentación es la misma: frente a la incertidumbre buscamos refugio en respuestas simples. Creemos que una disciplina, una ideología y ahora un algoritmo pueden explicarlo todo. El filósofo francés lo advertía: lo simple tranquiliza, pero lo complejo permite comprender.

En este contexto, la universidad vive un punto de inflexión. Seguir organizando el conocimiento como compartimentos estancos resulta cada vez más artificial. La realidad no llega dividida en facultades. Aquí es donde la idea de la “multiversidad”, propuesta por Clark Kerr y profundizada por Morin, adquiere una relevancia renovada. La universidad concebida como ecosistema intelectual capaz de conectar saberes distintos; la que se organiza alrededor de problemas complejos, no solo disciplinas aisladas.

Formar para el futuro ya no consiste en transmitir respuestas estables, sino en generar las preguntas relevantes. Morin lo entendió muy bien: educar no es preparar para un mundo predecible. Es navegar la incertidumbre sin perder la capacidad de pensar, dialogar y encontrar sentido en la complejidad.


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