Educar para ser libres

  • Prospectivas
  • Carlos Iván Moreno Arellano

Jalisco /
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Qué cualidades quisiera que desarrollaran mis hijas para enfrentar un mundo cada vez más incierto? Me hago esa pregunta frecuentemente. Intento responder pensando en la disciplina, la perseverancia, el carácter. Sin embargo, hay una que cada vez me parece más importante, por escasa: la autonomía.

La capacidad de pensar por sí mismas, tomar decisiones, encontrar su propio camino. No es algo nuevo. Hace un siglo, María Montessori construyó su método alrededor de esa idea: “la tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”.

Sin embargo, conforme avanza una sociedad los márgenes de libertad se reducen. En Situación y constelación, el sociólogo Hartmut Rosa distingue dos formas de interactuar con el mundo. Las “situaciones” están abiertas: nos obligan a interpretar, decidir y actuar. Las “constelaciones”, en cambio, vienen configuradas de antemano. Las opciones trazadas, los caminos predichos.

Rosa advierte que, esa obsesión por optimizar y codificarlo todo, desgasta la confianza y hace crecer la frustración. El riesgo es formar jóvenes con miedo a equivocarse, con poca confianza en el futuro y, en palabras del filósofo, con menos confianza en la vida.

La educación “moderna” se parece mucho a esa constelación: instrucciones, rúbricas, estándares; y cuando todo viene en formato, el aprendizaje se convierte en simple itinerario. Pero aprender también significa explorar y perderse. Resolver problemas sin instructivo.

La revolución digital ha profundizado la paradoja. Nunca habíamos tenido tantas opciones y, sin embargo, buena parte de ellas ocurren dentro de arquitecturas diseñadas para anticiparnos. Creemos elegir, mientras un algoritmo ordena silenciosamente las alternativas.

La pantalla nos entrega una constelación perfectamente diseñada. Por eso el debate sobre los dispositivos digitales en escuelas es más profundo que decidir si permitimos o prohibimos celulares. Se trata de recuperar espacios de autonomía.

Devolver a niñas, niños y jóvenes tiempo para jugar, aburrirse, conversar, imaginar y resolver por sí mismos. Tiempo no programado. Experiencias sin algoritmo. Preguntas sin respuesta correcta. En la era de la IA, la educación debe recuperar la libertad de pensar, elegir y equivocarse. La confianza en vivir.


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