El valor cívico de las humanidades

  • Prospectivas
  • Carlos Iván Moreno Arellano

Jalisco /

A Jorge Alatorre, quien puso este libro en mis manos. DEP

La crisis más profunda que atraviesa hoy la universidad no es presupuestal ni tecnológica. Es una crisis de sentido. Y pocas señales la retratan mejor que el progresivo abandono de las humanidades. La habilidad técnica de corto plazo ha ido sustituyendo al saber humanista perdurable.

Katherine Southwood lo advierte en su libro El valor cívico de las humanidades. La profesora de Oxford plantea quizás una obviedad, pero en la que debemos insistir: hemos reducido el valor de la educación a aquello que se puede medir, vender o rentabilizar. En esa lógica, lo que no se traduce en retorno inmediato parece prescindible. Las humanidades quedan en el margen: su aporte no se lee en clave de rentabilidad.

Como “humanidades” la definición es amplia: el ecosistema de programas que ayudan a comprender la experiencia humana: la ética, la cultura, la historia, la realidad social. Y ahí la crisis es global. En 2024, las universidades en Estados Unidos otorgaron un 30% menos títulos que hace 10 años en estos programas: la cifra más baja desde 1991. En Historia la caída alcanza el 42%. 

En México, en una década, la matrícula cayó 11% en Historia, 12% en Filosofía y 21% en Sociología. Como lo han señalado no pocos rectores: “con nuestros aspirantes, difícilmente completamos un grupo en filosofía, en sociología o en letras”.

El problema es más grave de lo que parece. La paradoja nos interpela: mientras la IA automatiza habilidades técnicas, las universidades reducen el espacio de aquello que más difícilmente puede automatizarse: el juicio ético, la imaginación moral, la conversación democrática, la construcción de sentido colectivo.

No es culpa de los jóvenes el abandonar las humanidades, cuando el sistema entero manda señales económicas y culturales de que “no son rentables”. Por eso, la apuesta es doble: preservar las humanidades como disciplinas sustantivas; pero, sobre todo, incorporar formación humanista transversal en todos los programas.

Se requieren ingenieros, científicos de datos y especialistas en IA. Pero también personas capaces de distinguir entre información y verdad; entre eficiencia y dignidad; entre innovación y bien común. Las sociedades no colapsan por falta de tecnología. Colapsan cuando pierden la capacidad de comprenderse a sí mismas.


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