Filosofía en 'Silicon Valley', ¿y en la universidad?

  • Prospectivas
  • Carlos Iván Moreno Arellano

Jalisco /
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Una de las paradojas más relevantes de nuestro tiempo es que las empresas líderes en inteligencia artificial contratan cada vez más a filósofos, sociólogos y hasta teólogos, mientras que las universidades cada vez los producen menos.

Quienes construyen los algoritmos parecen descubrir el valor de las humanidades, cuando los campus universitarios parecen olvidarlo. En los laboratorios de IA se están haciendo las grandes preguntas sobre lo ético, lo moral y hasta sobre la “conciencia” de las máquinas, mientras que en las universidades se impone la lógica de la empleabilidad. El mundo al revés.

Hoy, según The Economist, en EE.UU. el desempleo entre graduados en informática alcanzó 7%, frente a 5% entre los de filosofía. El dato debe hacernos pensar. Hace pocos años, programar parecía una apuesta infalible. Universidades y gobiernos multiplicaron carreras y certificaciones. El futuro pertenecía a quienes hablaran el lenguaje de las computadoras. Hoy los algoritmos comienzan a hablar ese lenguaje mejor que nosotros.

La lección es incómoda: si diseñamos la universidad exclusivamente para responder a las demandas inmediatas del mercado laboral, estaremos formando jóvenes para un contexto que habrá cambiado cuando egresen. 

Entonces, ¿qué debe enseñar la universidad? Conocimientos científicos y técnicos de frontera, por supuesto. Renunciar a ellos sería absurdo. Pero, precisamente porque las máquinas serán cada vez mejores ejecutando tareas, debemos fortalecer aquellas habilidades esenciales para prosperar en un mundo incierto, complejo y en constante transformación, que nos lleven a ser mejores personas y construir mejores sociedades.

El humanismo debe recuperar la centralidad que nunca debió perder en la universidad. La filosofía lleva más de dos mil años enseñándonos a distinguir el argumento de la ocurrencia, cuestionar nuestras certezas y preguntarnos qué significa hacer lo correcto. La historia permite comprender de dónde venimos; la sociología, cómo vivimos en colectivo.

Resultaría una ironía formidable que termináramos enseñando filosofía a las máquinas, mientras los humanos dejan de aprenderla. Las humanidades nunca fueron carreras del pasado. Y hoy, son de las disciplinas que más necesitaremos para habitar el futuro.


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