M+ Gil Gamés en MILENIO y Julián Andrade en Razones recuerdan que se cumplirán 40 años del conservador movimiento del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) que dio al traste con la “excelencia académica” que Jorge Carpizo quiso alcanzara la Universidad Nacional Autónoma de México.
Pese a que 26 modificaciones a las normas escolares y administrativas habían sido aprobadas por mayoría en el Consejo Universitario para extinguir los privilegios que persisten (cuesta menos de 50 centavos matricularse), los retardatarios ganaron.
El CEU fue liderado por Carlos Imaz (entonces novio y primer esposo de Claudia Sheinbaum, y su carrera en el PRD se fulminó con el video del acarreo de dólares de Carlos Ahumada); Imanol Ordorika (quien acabó cooptado como director de Evaluación Institucional y hasta disputó la rectoría que por fortuna ganó Leonardo Lomelí); Antonio Santos (hoy consejero consultivo de Morena); Rosario Robles (traicionada y encarcelada por López Obrador); Salvador Martínez Della Rocca, El Pino (veterano dirigente del 68), y Martí Batres (actual director general del Issste).
Porque el CEU se impuso persisten el injusto “pase automático” de bachillerato a licenciatura, la demagógica gratuidad de inscripción y servicios escolares y la implementación de evaluaciones estandarizadas.
¿Qué pensar de aquellos líderes que inciden ahora en el destino del país de no ser frustración, contrariedad, preocupación y tristeza?
Gamés retoma fragmentos del libro El desencanto (Cal y Arena, 2009) de José Woldenberg, donde figuran los desencantos de Manuel, maestro universitario que recuerda sus desilusiones políticas y más precisamente sus desencuentros con la izquierda a la que ha pertenecido desde su primera juventud. A estos desengaños los acompañan reflexiones de siete escritores fascinados con la Revolución de los soviets. Uno de esos desconsuelos, cuenta Manuel, fue el CEU. Gil arroja algunos párrafos de Manuel donde resuena el eco de la voz de Woldenberg. 1986 fue un año triste. Aunque en la mitología de la izquierda algunos lo recuerden como un año épico. “¿Te acuerdas” —me dijo Manuel— “de aquella reforma que intentó impulsar el rector Carpizo? ¿Te acuerdas de la forma en que impidieron que prosperara? Qué vergüenza (…). Se trataba de iniciar un proceso de reformas que pusiera al día a la UNAM, pero la izquierda estudiantil universitaria decidió abortarla (…); que la intención era privatizar las instituciones de educación superior no dejan de ser sandeces, y la realidad es que frenaron reformas que hubiesen beneficiado a la más importante universidad pública del país y a la mayoría de los estudiantes…”.
Y Julián Andrade, quien militó en el CEU pero mantuvo con Carpizo una relación filial, escribió:
“El 31 de octubre, el CEU cumple 40 años. Por estos días (…) hay un reencuentro entre quienes participamos en aquellas jornadas de defensa de la educación pública, o eso creíamos, aunque ahora sepamos que existían múltiples matices...”.