M+.- La paranoia patriotera quedó ridiculizada el martes en los comicios estadunidenses:
Quienes hicieron senador por Míchigan a un musulmán —como antes los votantes de Zohran Kwame Mamdani, alcalde de Nueva York— no se creyeron la patraña trumpiana de que por ser islámicos eran yihadistas, ni los electores de dos mexicanoestadunidenses para gobernadores de Texas y California pensarán que sus votados trabajarán contra los intereses de sus estados o país.
La deducción viene a propósito de que la presidenta Claudia Sheinbaum celebró los triunfos de Gina Hinojosa y Xavier Becerra:
“Yo quisiera resaltar el triunfo de dos personas de origen mexicano, que son el gobernador electo de California y la gobernadora electa de Texas. Ambos tienen, ya sea madre y padre, o uno de ellos, nacidos en México, y tienen un vínculo, evidentemente, con su estado, pero también un vínculo con las y los mexicanos. Nos da mucho gusto que mexicanoestadunidenses que están allá tengan esta participación y este reconocimiento”, dijo ayer.
Entiendo menos por qué razón, al defender su discriminatoria iniciativa de reforma constitucional contra los mexicanos que aspiren a la Presidencia o alguna gubernatura y la jefatura del Gobierno capitalino teniendo dos o más nacionalidades, arguyó (30 de septiembre) que presidentes y gobernadores “sólo pueden tener una bandera, una patria y un pueblo a quien nos debemos…”.
También llegó a preguntar:
“Cuando haya un problema entre dos países, ¿a quién vas a defender: a otro país o a México?”.
Por eso consideró necesario “blindar” esos cargos de representación frente a eventuales influencias o intereses “de potencias extranjeras”, aunque dijo asimismo que la limitación a una sola nacionalidad no afectará a “las y los ciudadanos de a pie”, lo cual parece contradecir y galimatizar su soberanista convicción.
Su iniciativa prosperó en San Lázaro gracias a la inconstitucional sobrerrepresentación del oficialismo y fue aprobada por la marrullera mayoría del Senado.
Innecesaria, la propuesta de Sheinbaum nació en el contexto de “la defensa de la soberanía” contra “la injerencia extranjera” que el obradorato impulsó a partir de la solicitud de captura con fines de extradición a Estados Unidos de La Banda de los Diez de Sinaloa encabezada por el exgobernador Rubén Rocha Moya, calumniando a la oposición con el cuento de que “alienta el intervencionismo” y la acusación de “traidora” y “vendepatrias”, porque alegaba que la restricción de la nacionalidad “es excesiva y violatoria de los derechos de los migrantes”.
Y a propósito de nacionalidades, lealtades y traiciones, Joaquín López-Dóriga publicó este miércoles en su columna:
“En su momento le informé que Beatriz Gutiérrez de López Obrador había reivindicado su nacionalidad española en el Consulado en México, tras ser la instigadora de la pausa en las relaciones con España y de la ofensiva contra el rey Felipe VI. Ayer se informó que ya la obtuvo, por lo que tuvo que haberle jurado fidelidad”.
Fidelidad al monarca, enfatizo yo…