Andrés Chávez o Hugo López Obrador

Ciudad de México /

Desde su madriguera en Palenque —o desde casa de “La Chingada”, como la bautizó––, López Obrador tuvo la cachaza de enviarle un mensaje a Donald Trump defendiendo a Maduro y arguyendo que “la política no es imposición”: exactamente lo contrario que marcó su facciosa gestión.

La solidaridad con su amigo parte de su devoción por el golpista Hugo Chávez (muerto en marzo de 2013), de quien para su campaña de 2018 y durante su mandato se plagió lugares comunes y frases como éstas:

HC: Yo ya no me pertenezco, pertenezco al pueblo de Venezuela.

AMLO: Yo ya no me pertenezco, pertenezco al pueblo de México.

HC: Amor, con amor se paga.

AMLO: Amor, con amor se paga.

HC: O tú estás con la revolución, o tú estás contra la revolución.

AMLO: O se está por la transformación, o se está en contra de la transformación.

HC: Siempre he sido propulsor y defensor del referéndum revocatorio.

AMLO: Desde hace años vengo planteando lo de la revocación del mandato.

HC: El pueblo debe juzgar a su gobernante.

AMLO: El pueblo pone y el pueblo quita.

HC: El método de medición del producto interno bruto todo lo monetariza, y nosotros estamos por crear un nuevo método para medir el producto nacional, el producto humano, el producto social.

AMLO: Hay que buscar nuevos conceptos. En vez de producto interno bruto, hablar de bienestar. En vez de lo material, pensar en lo espiritual.

HC: A medida que los ricos sean más ricos, generarán hacia abajo un goteo que irá poco a poco permeando y poco a poco los pobres irán dejando de ser pobres. Es una gran mentira.

AMLO: La idea que yo considero falsa, de que si les va bien a los de arriba les va bien a los de abajo y que si llueve fuerte arriba gotea abajo, que se vayan al carajo con ese cuento…

Tanto admiró a Chávez que acogió a un número nutrido de sus devotos, como el segundo de Marx Arriaga en Materiales Educativos de la SEP, el fanático chavista Sady Arturo Loaiza.

Y las “utopías” que Clara Brugada experimentó en Iztapalapa, de inspiración chavimadurista, están siendo replicadas en la capital.

La relación personal entre Maduro y López Obrador llegó al extremo de invitarlo de manera vergonzosa a comer el día en que protestó como Presidente, evitando que el déspota pisara el Congreso por temor a la previsible rechifla y desprecio de las bancadas opositoras.

AMLO cacareaba a contentillo la no intervención, siendo que durante su sexenio se entrometió en asuntos externos opinando, presionando, tomando partido y bendiciendo causas ajenas con desvergonzada soltura.

En su discurso y su práctica es igual que Hugo Chávez, quien también decía una cosa y hacía otra. 

Como muchos otros de sus paisanos, el segundo de Marx Arriaga encontró refugio y empleo en la 4T, ocupando espacios de propaganda disfrazados de política social y bienestar, pero en realidad de control político envueltos en retórica “participativa”, prometiendo la redención colectiva mientras consolidan clientelas de votantes… 

  • Carlos Marín
  • cmarin@milenio.com
  • Periodista con 55 años de trayectoria, autor del libro Manual de periodismo, escribe de lunes a viernes su columna "El asalto a la razón" y conduce el programa del mismo nombre en Milenio Televisión
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