Una metáfora común en Teoría de Juegos es el paradigma de la rana: si se coloca un batracio en agua caliente, salta de inmediato, pero no si el agua es tibia y se mantiene baja la flama. El animal no percibe el peligro, permanece en la olla y cuando presiente su muerte ya se coció por dentro.
Por ser un ejercicio de conocimiento especulativo, supongo que la teoría sirve para ilustrar la incapacidad humana de reaccionar ante amenazas graduales, pero creo que la rana terminará saltando porque la termorregulación es un recurso instintivo de supervivencia.
Como sea, el paradigma representa la peligrosa adaptación a situaciones negativas, tóxicas o críticas de personas, empresas o gobiernos cuya inacción conlleva funestas consecuencias.
Para evitar el fatal destino se debe estar alerta y detectar a tiempo cambios en el entorno para reaccionar antes de que la situación se vuelva insostenible.
El apunte viene a cuento por el virtual deceso de la revolución cubana.
Pese a que el dictador Miguel Díaz-Canel atribuye la crisis a “la asfixia económica de la principal potencia del mundo”, bien sabe que su régimen fenece a causa de sus incontables contradicciones e ineptitudes en 65 años de historia.
De poco servirá el plan “multisectorial de contingencia” y la vuelta del llamado Periodo Especial que Fidel Castro decretó en 1991 por el colapso de la Unión Soviética y el recrudecimiento del embargo —nunca “bloqueo”— estadunidense desde 1992.
Hoy en la isla, la escasez de combustible tiene prácticamente paralizadas las actividades económicas y la crisis pega como nunca antes a partir de la reciente muerte del chavismo agravado por el madurismo, ya que el régimen, incapaz de cumplir sus promesas al iniciar la revolución, pasó de la dependencia rusa a la venezolana en petróleo y en divisas (y muy atrás la mexicana, incrementada en los estertores del gobierno de López Obrador).
Como en el paradigma de la rana, la dictadura cubana desatendió los abundantes signos que perfilaban su muerte.
La metáfora es aplicable también a quienes denuncian y combaten a gobiernos como los de Hugo Chávez y Nicolás Maduro:
“…Y cuando nos dimos cuenta, ya era demasiado tarde”, dijo a nombre de María Corina Machado su hija, Ana al recibir de parte de su madre el Nobel de la Paz, aludiendo a cómo la oposición venezolana fue aclimatándose al totalitarismo inaugurado por el golpista Chávez, quien trepó a la presidencia sobre los peldaños de la democracia y después —igualito que López Obrador en México— hizo pedazos la escalera.
Con la pena pero el mismo paradigma es aplicable al gobierno de la presidenta Sheinbaum, quien se comporta como si no supiera o desdeñara lo que está ocurriendo en el mundo con el rechazo al nacionalpopulismo y el arribo al poder de conservadores, derechistas y ultraderechistas.
La 4T no ha fallecido ni agoniza pero, así como va, es muy probable que pierda posiciones en las elecciones de 2027 y Morena y aliados la Presidencia de la República en 2030…