De lástima, los diputados de Claudia

Ciudad de México /

Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum asimila ––con pragmatismo forzado–– la presión de Donald Trump para que México deje de surtir petróleo a la dictadura cubana, su inconstitucional mayoría legislativa en la Cámara de Diputados ofrece una postal antológica del disparate político. 

Le creo a ella cuando dice que el tema no ha sido tratado en sus conversaciones telefónicas con aquel quien, blofero y mentiroso crónico, repite: “Le dije a Sheinbaum que no enviara petróleo a Cuba y ella dejó de hacerlo”.

Aunque su bravucón “homólogo” le sigue dedicando elogios envenenados, pero la desmiente de manera categórica, la mandataria digiere la capitulación ante una Casa Blanca cuya belicosidad refrendó ayer al celebrar la ominosa guerra de Estados Unidos contra México y el despojo de más de la mitad del territorio.

Los obradoristas en San Lázaro entretanto, en lugar de hacer que trabajan para respaldarla, exhiben su siniestra admiración por las tiranías “bolivariana” y castrista: este lunes, la mayoría inconstitucional de Morena, PT y PVEM quiso imponer su abusiva hegemonía impulsando la propuesta idiota de guardar minutos de silencio por los militares cubanos y venezolanos muertos en la operación para el secuestro de Nicolás Maduro.

Gimotear por tragedias remotas y celebrar liturgias “revolucionarias” están en sus prioridades, porque les importa más lo que ocurre con sus camaradas extranjeros que con sus paisanos en casa.

La lógica de tan penoso gesto no es la expresión de sincero duelo, sino una grotesca exhibición de condescendencia con regímenes represivos que para el “suavecito” Trump son sus “enemigos”. 

Provoca morbo imaginar cómo tomará él tal coreografía de símbolos y silencios: por un lado, una mandataria que asume conminación imperialista y, por otro, sus compañeros de “movimiento” venerando dictaduras.

Sectarios que son, eluden honrar la memoria de las decenas de miles asesinados y desaparecidos por la delincuencia organizada o de las víctimas del descarrilamiento del transístmico. 

En un país donde la violencia, la negligencia, la corrupción y la impunidad campean, los aplausos nacionalpopulistas a soldados extranjeros constituyen un insulto a los mexicanos a quienes nunca se le honra.

Para mayor vergüenza, la mamarrachada diputadil incluyó a una morenista que al trepar a la eufemística “máxima tribuna” olvidó pegar bajo su curul o tirar el chicle del que se debió deshacer antes de parlotear.

Quehacer “legislativo”, le dicen, convertido en recreo de secundaria. Institucionalidad rebajada a las arengas del trasnochado sectarismo del oficialismo.

Repulsivo, el gesto condensó la peculiar mezcla de solemnidad impostada y despreocupación absoluta por la “política pública” y el apoyo a la Presidenta.

El resultado de la mezcolanza es un espejo que deforma la actuación de una Presidencia vulnerable ante la potencia avasallante.

Tan ayuna de neuronas está la diputación del obradorato que le vale madres lo que está haciendo Trump con el mundo y con su patio trasero…  


  • Carlos Marín
  • cmarin@milenio.com
  • Periodista con 55 años de trayectoria, autor del libro Manual de periodismo, escribe de lunes a viernes su columna "El asalto a la razón" y conduce el programa del mismo nombre en Milenio Televisión
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