M+.- “Donald Trump, ayúdanos, manda los helicópteros para que nos salven, ya estamos rodeados, queremos apoyo del gobierno de Estados Unidos…”, clamaba el lunes, con gritos de desesperación y de rodillas, una mujer en Chilapa en el sexto día de haber abandonado su comunidad junto con más de un millar de indígenas asediados por las bandas criminales.
El martes, la titular de Gobernación, las fuerzas armadas y autoridades estatales mediante “diálogo” (¿con criminales?) lograron el retiro de bloqueos que mantuvieron aislada a la población, que tuvo que desplazarse caminando hasta la cabecera municipal.
La petición a Trump fue “porque la Presidenta no nos hace caso, no nos quiere mandar el apoyo; estamos refugiados los pueblos indígenas, los niños están sufriendo, no comemos…”.
El llamado no fue de la “comentocracia”, la “ultraderecha” ni los “conservadores” que, según el obradorato, quieren la intervención extranjera.
Lo que la mujer expresó fue el cansancio de quienes sobreviven entre balaceras, asesinatos, destrucción de sus viviendas y la incapacidad de las autoridades para proteger sus vidas.
En el contexto de la deteriorada relación entre México y EU, este drama coincide con la versión de CNN de que agentes de la CIA mataron a dos presuntos narcotraficantes chapistas (el 31 de marzo) haciendo explotar la camioneta en que viajaban en la México-Pachuca. Lo que se aventuró fue que llevaban explosivos y se detonaron por accidente, pero la televisora dice que fueron ejecutados en una operación encubierta. La Presidenta, el secretario Omar García Harfuch y la propia CIA negaron de manera categórica esa información, pero la sospecha pinta para nunca ser esclarecida, ya que acciones similares las ha realizado desde siempre en gran parte del mundo el gobierno estadunidense.
Lo grave es que, en la opacidad y la desconfianza mutua, los desmentidos parecen actos de fe: se creen o no, y cuando la relación binacional luce tan destartalada, cualquier hipótesis resulta verosímil.
Mientras el oficialismo se envuelve en la bandera de la soberanía, el país es territorio de disputa criminal.
Ahí están los desplazados de Guerrero, los narcolaboratorios en Chihuahua con presencia de agentes de la CIA, los señalamientos de cortes y agencias gringas de probables vínculos políticos con los criminales y ahí está la doble vara moral del obradorato.
Morena exige juicio político a la gobernadora panista Maru Campos, reduciendo la soberanía nacional a un pleito faccioso, pero ningún intento serio por investigar al exgobernador de Tabasco sobre su secretario de Seguridad y La Barredora, o al de Sinaloa Rubén Rocha Moya, pese a las imputaciones y testimonios en México y EU de sus presuntos nexos con el narco.
Así, la soberanía termina siendo un pretexto elástico para golpear adversarios, pero no para exigir cuentas a los aliados.
Y mientras la 4T administra la indignación patriótica, en Chilapa una mujer pide auxilio a quien sea por haber perdido la confianza en el gobierno mexicano…