El final de la Revolución cubana

Ciudad de México /

“Estamos viviendo el final de la Revolución cubana, estamos viviendo su entierro, y esto es una realidad político-ideológica de enorme trascendencia para México y América Latina, porque está impactando la población del continente orientándose hacia partidos más bien conservadores.”

Las palabras son de Ricardo Pascoe Pierce, ex embajador de México en Cuba.

Dice para El asalto… en MILENIO Tv de anoche y hoy que Cuba no vive una crisis más, sino “el colapso de un modelo de país” que durante 65 años quiso desafiar al mundo.

La razón no es menor: cuando una revolución termina muere también una narrativa, una legitimidad y un proyecto de futuro para millones de personas.

Pese a que fueron gobiernos que mantuvieron las entregas de petróleo a Cuba, ni el PRI ni el PAN avalaron el sistema castrista.

La gran diferencia con el obradorato es que éste avaló hasta la ignominia el sistema cubano por afinidad ideológica (el dictador Alberto Díaz-Canel fue orador especial en la conmemoración de la Independencia el 16 de septiembre de 2021), al tiempo que guarda silencio cómplice ante la violación de los derechos más elementales en la isla.

Pascoe Pierce subraya un punto que debe sacudir a los estrategas de la política exterior mexicana: Cuba siempre ha dependido de afuera (Unión Soviética-Venezuela) porque su política económica fue un desastre colgado de subsidios extranjeros y clientelismos forzados internos.

En ese contexto, dice Pascoe Pierce, la cubana fue “una revolución de barro”.

Símbolo de la Guerra Fría, el castrismo terminó siendo tan irritante para Estados Unidos como lo es Taiwán frente a China… o lo que México ya es ante los apetitos imperialistas de Trump: un actor incómodo y poco fiable como interlocutor.

Mientras el mundo negocia, sanciona, abre mercados y redefine alianzas, el discurso oficial mexicano —en tiempos de liberalización económica global— se cierra y va quedándose políticamente solo en el concierto latinoamericano.

Lo que en los gobiernos del PRI y el PAN fue pragmatismo es hoy adhesión dogmática.

El tema es crucial no solo por el fenecimiento de un modelo de desarrollo y empuje popular, sino por cómo afecta las perspectivas de México hacia el futuro.

¿Sabrá Claudia Sheinbaum que algunos de los machuchones de Díaz-Canel están acusados en EU, donde tienen giradas órdenes de aprehensión y es una incógnita si serán amnistiados o se les permitirá irse a Rusia, China o Irán?

Y se abre un nuevo paradigma: si la economía de mercado exige democracia, la revisión del T-MEC quizá incluya demandas de apertura en la industria petrolera (como en Venezuela).

Todo indica que el segundo piso de la “transformación” opta por la ceguera, el pataleo y los lamentos, pero no se trata de romanticismo cultural ni de solidaridad con 800 y más toneladas de ayuda humanitaria, sino de comprender que cuando una ideología se niega a ver la realidad, lo que termina muriendo es tanto una revolución como la credibilidad de quienes pretendieron sostenerla...


  • Carlos Marín
  • cmarin@milenio.com
  • Periodista con 55 años de trayectoria, autor del libro Manual de periodismo, escribe de lunes a viernes su columna "El asalto a la razón" y conduce el programa del mismo nombre en Milenio Televisión
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