El general Cárdenas no defendió tiranías

Ciudad de México /

Desde su madriguera en Palenque, López Obrador ha reaparecido tres veces en el ciberespacio, ninguna para revisar su gobierno y menos criticarse por los problemas que legó a su sucesora.

El primero fue un comercial del libro en que afirma la mentira de que en la Mesoamérica prehispánica no se practicaban sacrificios humanos; el segundo para condenar el secuestro del dictador Nicolás Maduro por Estados Unidos y el tercero —antier sábado— para abogar por la tiranía que encabeza Díaz-Canel y solicitar donativos para apoyar a Cuba.

Para justificarse apela a la memoria del expresidente Lázaro Cárdenas, cuya solidaridad con la revolución castrista lo llevó a intentar, en abril de 1961, viajar a la isla para defenderla de los invasores de Playa Girón (en Bahía de Cochinos) financiados por la CIA en el gobierno de Kennedy.

En esas fechas la revolución gozaba de enorme prestigio internacional porque había derrotado a la dictadura de Fulgencio Batista y se le reconocía como una gesta heroica que desafiaba al poder gringo a solo 90 millas de Florida.

López Obrador no se da por enterado de que, a 67 años de su triunfo, la revolución cubana ya fracasó, y su muerte está siendo acelerada por la asfixia económica y energética impuesta por el neoimperialista gobierno de Trump.

Según escribió, se pretende “exterminar al hermano pueblo de Cuba”.

No toma en cuenta ni celebra que su amigo Díaz-Canel admite que se llevan a cabo conversaciones con Washington con el visto bueno de Raúl Castro para una transición hacia la libertad.

Lo que invoca del general Cárdenas ocurrió hace 65 años y tiene varios decenios que la revolución cubana dejó de ser admirable porque dejó de ser una promesa histórica de emancipación y se volvió un sistema petrificado, sin elecciones libres, con presos políticos y una economía devastada.

Durante su gestión, López Obrador afirmaba guiarse por el principio juarista de “el respeto al derecho ajeno es la paz”, pero en su retiro parece haber corregido: silencio frente a las autocracias amigas y estruendo contra quienes las confrontan.

El castrismo fue uno más de los experimentos marxistas que, como tantos otros en el siglo XX, terminó en aparatoso fracaso porque, incapaz de valerse por sí mismo, nunca dejó de depender del exterior, primero de la Unión Soviética y luego de los “bolivarianos” Chávez y Maduro. Por eso es revelador el contenido de las dos reapariciones digitales para defender a esos regímenes oprobiosos.

Dice estar “retirado de la política”, pero su brújula ideológica sigue apuntando hacia la indulgencia con las autocracias dizque “revolucionarias”.

Colgarse del general Cárdenas para alcahuetear al castrismo no solo es una simplificación histórica, sino la aplicación de una lógica congelada en los años 60 a una realidad que hace mucho dejó de ser romántica.

Lo que alguna vez fue una revolución admirada terminó siendo una dictadura fatigada que no resiste el mínimo examen del sentido común… 


  • Carlos Marín
  • cmarin@milenio.com
  • Periodista con 55 años de trayectoria, autor del libro Manual de periodismo, escribe de lunes a viernes su columna "El asalto a la razón" y conduce el programa del mismo nombre en Milenio Televisión
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