El "Tlatelolcazo" sin aderezos

México /

Al mitin de aquella tarde se convocó sobre todo con pintas en el internet del movimiento: el transporte urbano de pasajeros.

Era miércoles.

Decenas de camiones acabaron incendiados por grupos de jóvenes que libraron los cercos militar y policiaco a Tlatelolco tras la estampida que provocó la primera balacera.

Excepto algunos que se bajaron y acomodaron en la escalinata (al pie de la explanada), ningún delegado al Consejo Nacional de Huelga que estuviera en la terraza de oradores escapó al Batallón Olimpia, que llevó a los detenidos a la Dirección Federal de Seguridad y al Campo Militar Número Uno.

Como demostró en su documental Óscar Menéndez 25 años después, es una mentira contumaz que la tropa llegara disparando (nadie habría sobrevivido y miles huyeron entre soldados igualmente azorados que les apuraban: “¡Corran, corran…!”).

Y es que también el Ejército fue entrampado por francotiradores desde las ventanas superiores, ala sur, del edificio Chihuahua.

No al olvido.

Y no a la superchería que tanto ensucia la memoria de la matanza con que quiso sofocarse el aire de libertad que hoy se respira.

cmarin@milenio.com





  • Carlos Marín
  • cmarin@milenio.com
  • Periodista con 55 años de trayectoria, autor del libro Manual de periodismo, escribe de lunes a viernes su columna "El asalto a la razón" y conduce el programa del mismo nombre en Milenio Televisión
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