M+.- El ensañamiento del oficialismo contra la gobernadora de Chihuahua es el mejor regalo que se le ha hecho a la oposición, catapultando la figura política de Maru Campos para la elección presidencial de 2030: entre más insiste en calumniarla como “traidora a la patria”, más refuerza su capital ante el electorado.
Sin comprobarle que sabía de la presencia de la CIA en el operativo serrano contra el narcolaboratorio, el régimen protege simultáneamente a Rubén Rocha Moya y a otros nueve acusados por Estados Unidos de pertenecer al crimen organizado “terrorista”.
A la mandataria le imputan solapar un elevado número de asesinatos en su entidad, omitiendo que los alcaldes de los municipios que más homicidios registran son militantes de Morena.
Pese a las abundantes pruebas ––estas sí–– en contrario, el obradorato presume “autoridad moral” y se comporta como custodio de “la soberanía”, pero ha sido incapaz de preservar la dignidad nacional en amplias regiones dominadas por la delincuencia.
Sin asumir su responsabilidad ––a partir del gobierno de Andrés Manuel López Obrador–– por la expansión de las bandas y la violencia que obliga a comunidades enteras a desplazarse, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum decidió concentrarse en el linchamiento de la gobernadora.
El sainete del fin de semana en la ciudad de Chihuahua protagonizado por la lideresa de Morena y el célebre Andy ––uno de los hijos más incómodos de AMLO–– terminó en caricatura. Creyeron que los chihuahuenses responderían con fervor multitudinario a la maniobra y supusieron que reunirían alrededor de 200 mil personas, pero lograron congregar apenas como tres mil y culparon a Campos de inhibir con bloqueos carreteros la llegada de sus acarreados de otras entidades. Los gritos de rechazo y repudio en el aeropuerto reflejaron el hartazgo de la población de la capital estatal frente a un régimen difamador que no tolera oposiciones.
Pero el resentimiento social no se diluye con discursos nacionalpopulistas ni acusaciones melodramáticas dizque “en defensa de la patria”, menos cuando se sabe que la presencia de agentes estadunidenses en tareas de inteligencia y cooperación viene ocurriendo por décadas bajo gobiernos federales y locales (sobre todo fronterizos) de todos los partidos.
Morena olvida que cuando el foxiato quiso procesar a López Obrador, porque desacató una orden judicial, vitaminó sus ambiciones de trepar a la Presidencia, pues aquella embestida terminó convirtiéndolo en víctima y candidato inevitable.
Guardadas las proporciones, algo parecido, pero sin razón jurídica ocurre con el linchamiento de Maru Campos y el tiro les salió por la culata: cuanto más la vuelven blanco del faccioso aparato político y propagandístico, la victimizan y más la proyectan como figura nacional.
Querían exhibir a una gobernadora aislada, debilitada y traicionera, pero le han dado una gran visibilidad fuera y dentro del país, apuntalando la cohesión opositora y una súbita y estulta narrativa de persecución política…