M+.- Al grito “¡Fuera judíos de México!”, algo más de medio centenar de simpatizantes de la causa palestina se manifestó la mañana del viernes reciente frente a la sinagoga Maguén David ––Sócrates casi esquina con Masaryk, en la colonia Polanco––, donde se celebraba la ceremonia de iniciación del Año Nuevo (Rosh Hashaná) del pueblo israelita.
(En el calendario hebrero estamos en el año 5787 y del 11 al 13 de septiembre se festeja la creación del mundo).
Por lo reducido del grupo antisemita pareciera que el suceso carece de importancia, pero lo preocupante es el silencio que guardan las autoridades locales y federales después de casi una semana, más aún cuando el agravio alcanza a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien pese a declararse laica y no religiosa, tiene ascendencia judía (sus abuelos paternos llegaron a México de Lituania y los maternos eran búlgaros), y es muy probable que algunos o muchos de sus ancestros hayan sido víctimas del nazifascismo en el siglo pasado.
El Consejo Nacional contra la Discriminación, que depende de la Secretaría federal de Gobernación, mantiene un mutismo cómplice, como lo hizo el 4 de julio de 2025 frente a similares expresiones de odio en las marchas contra la gentrificación en las colonias Condesa y Roma.
Mexicano, periodista de origen judío, Leo Zuckermann conversó en Radio Fórmula con Pepe Cárdenas y recupero aquí partes esenciales de lo que dijo, como que la manifestación se haya hecho frente a un templo y no, quizá, en la embajada de Israel:
“Las preguntas son de quién es la mano que mece la cuna, por qué llegaron en camiones, por qué a la sinagoga… Una cosa es una manifestación contra lo que está pasando en el Medio Oriente o en Israel y otra muy diferente ya es meterse con la comunidad de mexicanos”.
Enfatizó:
“Porque somos mexicanos, no se nos olvide que vivimos en este país, que nacimos en este país, que trabajamos en este país, que pagamos impuestos en este país, que tenemos pasaporte de este país y no solamente eso, sino que nos sentimos orgullosamente mexicanos”.
A Zuckermann le habría gustado saber “por qué, ¿cuál es el agravio que tienen esas personas contra los mexicanos que se consideran judíos? Duele mucho, Pepe, desde luego, y nos duele más a los que somos judíos, porque nos están rechazando, porque están diciendo que no merecemos estar en este país”.
Sus analogías son irreprochables:
“Es como si salieran y dijeran ‘fuera católicos de México, fuera evangelistas de México, fuera musulmanes de México, fuera la comunidad gay de México’, fuera cualquier otra comunidad que tiene una identidad especial, pero que son mexicanos”.
Hincó la suerte:
“No me sorprende que este gobierno no le entre, porque no le entra a muchas cosas. Pero creo que ha de ser una cosa muy incómoda para la presidenta Claudia Sheinbaum porque es de origen judío”.
Y desde su indignada impotencia, Leo suplicó:
“Ojalá el gobierno hiciera algo, porque antes de ser judíos, Pepe, somos mexicanos…”.