López Obrador se apoyaba en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional para calificar de “vergonzosa posición” la de México en 2017, la 135 de 180 países, pero es peor hoy: 142 de 182 naciones.
Mientras su ex vocero Jesús Ramírez Cuevas mantenía una delictiva relación con Sergio Carmona Angulo, El Rey del Huachicol, y cuando ni siquiera había cumplido un año en la Presidencia, AMLO se ufanaba:
“Ya se acabó la corrupción arriba. Puedo sacar hasta un pañuelito blanco para decir: ya no hay corrupción arriba” (31 de agosto de 2019).
Sin embargo, entrevistado por Jorge Fernández Menéndez, su ex consejero jurídico Julio Scherer Ibarra, en Ni venganza ni perdón, expone la corrupción en las entrañas de Palacio mientras López Obrador aseguraba:
“Ya se acabó lo del moche, se acabó la corrupción y el bandidaje oficial” (18 de noviembre de su primer año).
Durante su mandato no dejó de repetir esa patraña, ondeando un papelito blanco.
“Como decía el gran actor Héctor Suárez, ‘no hay, no hay, no hay’, se acabó la corrupción”.
El 31 de agosto de 2020 insistió: “Se acabó la corrupción en la cúpula gubernamental”, porque estaba “limpiando de arriba para abajo, como se barren las escaleras, para erradicar la corrupción”.
Mientras Carlos Loret difundía el video del hermano Pío recibiendo una bolsa con dinero con los atentos saludos del gobierno chiapaneco (vendría después otro de lo mismo con el hermano Martín), López Obrador justificaba: no fue corrupción, sino “aportaciones al movimiento”.
La mentira continuó:
“Ya no hay corrupción aunque les dé coraje a los ‘conservas’ ––afirmó agitando el papelito blanco—. Más claro ni el agua; el gobierno estaba organizado para robar, era un comité al servicio de una minoría rapaz. El Presidente no es corrupto y no tolera la corrupción” (11 de marzo de 2021).
En febrero de 2022 machacó la tontería del “pañuelito blanco, no hay corrupción...”.
Como se lee en Ni venganza ni perdón, la insistencia en el cuentazo y el papelito se hacen añicos con el testimonio de Scherer Ibarra sobre el papel del actual jefe de asesores de la presidenta Sheinbaum en el manejo de dinero sucio para financiar campañas de Morena.
Pese a que el combate a la corrupción fue la principal promesa de AMLO, lo que hoy se sabe de su muy cercano ex vocero y otros allegados y favorecidos prueba que la corrupción paseó en Palacio.
En paralelo se perpetró el atraco multimillonario a Segalmex, que el entonces presidente minimizó afirmando que fue lo “único que hemos enfrentado”.
La opacidad caracterizó su gestión, por ejemplo con la práctica turbia de adjudicaciones directas y generalizadas de contratos (casi 80 por ciento se otorgaron mediante ese mecanismo), impermeables a la transparencia y el escrutinio público.
Sobre Ramírez Cuevas la Fiscalía General de la República está obligada a actuar de oficio, aunque su jefa Sheinbaum diga que “no tiene motivos para renunciar…”.
Seguro sí.