M+.- Con alarmante estulticia, dos morenistas metieron a la presidenta Sheinbaum en su mayor y más gratuito problema, tan grave y peligroso que sólo podrá sortearlo rompiendo con su tóxico predecesor y prescindiendo de su consejera jurídica.
En vez de respaldar a Luisa María Alcalde y tratar de negar la lista negra de periodistas, políticos y medios expuestos al linchamiento público, debe pedirle su renuncia por tergiversar su función al erigirse comisaria política.
Y en lugar de respaldar al hijo dizque “legatario” del “proyecto de nación” de López Obrador y argüir “injerencia” o que la cancelación del visado “atenta contra la soberanía”, aceptar que el junior encarna la corrupción que AMLO catapultó y la baja catadura que su Andy delata en la carta que dirigió a Trump.
Es absurdo que defienda a quien carece de una carrera política meritoria, un correligionario más a quien el trumpiato no quiere en su territorio.
Si López Obrador chistoroteaba con eso de que “lo mejor es lo peor que se pondrán las cosas”, Christopher Landau, subsecretario de Estado, parece ironizar en serio con su advertencia posterior a la risible carta del hijo incómodo:
“¿Estás disfrutando el show? Rellena tus palomitas, vas a amar la siguiente parte”.
Con la lista de críticos que detesta, a Sheinbaum se le ve desesperada: dice tener 80 por ciento de popularidad, ¿y le preocupa lo que informa y opina medio centenar de periodistas?
No parece inquietarle lo evidente de su cobijo a morenistas acusados en Estados Unidos ––o señalados allá y aquí–– de corruptos, mientras la “independiente” Fiscalía General de la República se ensaña con opositores como Ernesto Ruffo y Alejandro Moreno, el expriista y experredista Ángel Aguirre (12 años después de la noche de Iguala) o la hermana de Emilio Lozoya, pero sigue haciéndose guaje con la narcofiscalía de Sinaloa y su montaje del asesinato de Héctor Melesio Cuén y el envío a Innsbruck de los 114 restos óseos que recomendó la anterior CNDH para confirmar o descartar el destino de Los 43 de Ayotzinapa.
En su carta, López Beltrán chilla por la visa, pero descalifica al equipo de Trump y juzga la cancelación de acto “politiquero al estilo hitleriano (…), una burda y perversa canallada” del secretario Marco Rubio, de Landau “y otros halcones que actúan como jefes de pandillas dedicados a espiar, acosar, intervenir y agraviar a otros países, gobiernos y políticos que consideran ‘comunistas’ o ‘narcoterroristas’ (…) para tratar de justificar sus represalias a quienes no se alinean o someten a sus afanes autoritarios, facciosos y a sus corruptelas…”.
Sin embargo, le pide al virtual capo “su opinión sobre mi caso (…); que con la franqueza que le caracteriza, me contestara cuando menos: ¿está usted enterado de lo que le estoy exponiendo? Y si lo estaba ¿no le parece un acto prepotente de su parte…?”.
Como la anterior a Trump de su papá, la carta es tan indefendible como su autor.
Póngase a salvo, Presidenta: rompa cuanto antes con AMLO…