El asalto a la razón

Se agotan las entradas

Carlos Marín

El quiebre de lanzas ensordece: la 4T va sobre los “adversarios” y “corruptos” que gobernaron 18 años, bien como subordinados de tres ex presidentes o contra los propios Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

La cacería no se limita a panistas y priistas, sino a perredistas y apartidistas ex funcionarios y técnicos en distintas disciplinas, incluidos ex policías prominentes y veteranos de la seguridad nacional.

El abanico de supuestos criminales que de manera sumaria se dan ya por culpables es tan amplio como incalculable el número de ex servidores públicos implicados en la desaparición de normalistas de Ayotzinapa, la llamada estafa maestra, los sobornos de Odebrecht, la compra inflada de una planta de fertilizantes, la polvorienta operación rápido y furioso y hasta el ilusorio “narco-Estado”, del que Jorge Fernández Menéndez publicó en Excélsior de ayer: Decir que México fue un narco-Estado puede ser publicitariamente útil, pero las palabras son muy poderosas, hay que tener cuidado en cómo se utilizan. Si el México del pasado inmediato fue un narco-Estado, también podría serlo en el presente, porque en el ámbito de la seguridad no han cambiado mucho las cosas, más bien, al contrario. Y los costos de esa definición pueden ser altísimos en el terreno diplomático, económico, comercial y de seguridad.

A la reacción sobre los graves señalamientos presidenciales y el desafío para que si no tiene pruebas mejor se calle, Andrés Manuel López Obrador dobla su apuesta: “Ayer se enojó el ex presidente Calderón conmigo. ¿Yo qué culpa tengo? Si no es conmigo, es con el juez de Estados Unidos. García Luna fue su secretario de Seguridad Pública y todos los que están siendo señalados ahora, Palomino, Pequeño, hasta los premiaba. ¿Que porque saludé yo a la mamá de Guzmán Loera? Pues la volvería a saludar si la encuentro, ahora ya no de mano, porque no puedo. Pero, ¿cómo no voy a saludar a una anciana? ¿Que se liberó al hijo de Guzmán Loera? Pues sí, yo tomé la decisión, porque no quise que perdieran la vida cientos de personas, eso lo asumo. Pero que él nos diga todo lo que sabe sobre García Luna, porque fue su secretario de Seguridad Pública”, insistió.

Pues lo más seguro es que no supiera nada Calderón, como tampoco Mike Vigil, el ex jefe regional de la DEA en México y Centroamérica, quien me reitera que durante 12 años nunca tuvo mejor relación y mayor confianza que con quien encabezó la Agencia Federal de Investigación en el foxiato y la SSP durante el calderonato, ni la ex embajadora Roberta Jacobson y todas las agencias estadunidenses y del resto del mundo que hicieron equipo antidrogas con el ex secretario.

Contra la vacilada de que López Obrador y Peña Nieto “pactaron”, el fiscal Gertz dejó ayer claro que van tendidos contra el ex presidente y su secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

A comprar palomitas. Sobre la ruina nacional se levanta un colosal circo…

cmarin@milenio.com

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