M+ Como con Donald Trump y la CIA, el oficialismo tampoco se atreve contra el enemigo interno que encarna la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, eufemística y vieja socia del pernicioso proyecto político de Andrés Manuel López Obrador.
En sus “dos pisos”, el régimen ha venido presumiendo de autoridad, legalidad y legitimidad mientras conserva una amable relación con la más impresentable facción del magisterio, la que mantiene a sus alumnos en el peor índice de aprovechamiento escolar cuya conducta virtual es de crimen organizado.
La destrucción de mobiliario urbano, vandalización y quema de vehículos, comercios y esculturas, agresiones físicas, bloqueos y saqueos que ha cometido en las inmediaciones de la Plaza de la Constitución, Reforma, Circuito Interior, Oaxaca o Chilpancingo evidencian que goza de total impunidad y que los gobiernos federal y de Ciudad de México sólo se hacen de la vista gorda.
Es característico de la CNTE la movilización, el chantaje, la negociación, la obtención de prebendas y la barbarie organizada (financiada con dos mil 500 pesos por activista), a quien la 4T no aplica la ley, sino invita a “dialogar”.
¿Para negociar con quienes paralizan ciudades enteras mientras exigen privilegios imposibles de costear? ¿Con quienes denuncian “represión” después de agredir a las fuerzas policiacas y destrozan cuanto encuentran a su paso?
La presidenta Claudia Sheinbaum les tiende una cuerda de salvación al sugerir que quizá los vándalos son “infiltrados”, pero los propios delincuentes le aclaran que no es así: que son ellos, y sin embargo, pese a estar identificados y confesos, no resienten consecuencias ministeriales (ni siquiera administrativas), mientras que a cualquiera que no forme parte de su banda y cometiera similares tropelías de inmediato se le apresaría.
“Comprensivo” y tolerante, el obradorato sobre todo es cobarde ante la CNTE.
Su alianza se construyó desde los años en que AMLO necesitaba operadores de movilización, presión y desestabilización con bloqueos, plantones y piquetes de golpeadores en Ciudad de México y localidades del sur-sureste para apoyarlo (primero en el PRD y luego en Morena) con el robo y quema de urnas, el secuestro y saqueo del transporte de mercancías, el asalto de autobuses de pasajeros, las amenazas a funcionarios electorales y el amedrentamiento a ciudadanos comunes y corrientes.
En 2018 también operó la CNTE en la compra de votos financiada con el tramposo fideicomiso que López Obrador engendró dizque “para los damnificados del temblor” de 2017.
La histórica mezcla de clientelismo, movilización callejera y manipulación electoral explica la actual paralización del gobierno, entrampado como está con el desenmascaramiento de complicidades con el narcotráfico
Alianzas como ésta jamás fortalecen al Estado, pero siempre degradan al gobierno. Acaban afianzando relaciones peligrosas con grupos cuya fuerza descansa en la capacidad de intimidar, chantajear y destruir...