M+.- De Luis Donaldo Colosio Riojas, Alfonso Durazo escribió la canallada de que “por el enorme afecto que le tengo (…) considero necesario fijar una postura” sobre la crítica demoledora que hizo el senador a propósito del segundo Informe de gobierno.
Quien solía ufanarse de haber sido su “tutor político”, empezó dándole la suave:
“Tiene mucho futuro, pero no le ha llegado todavía, tiene mucho que aprender y mucho más aún por madurar”, porque carece de experiencia, no entiende “la complejidad de un gobierno estatal, no digamos ya de la Presidencia de la República, ajena a la capacidad de un principiante; a esas responsabilidades no se puede llegar a aprender…”.
Por eso, añadió, Colosio Riojas “no entiende la dimensión de la transformación social conseguida por la 4T, particularmente por el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum”.
Durazo no sólo es uno del montón de gobernadores lopezobradoristas, sino también presidente del Consejo Nacional de Morena.
¿A título de qué o de parte de quién se atrevió a ejercer de golpeador?
Según él, Colosio Riojas “carece de la autoridad moral imprescindible para criticar eventuales deficiencias del gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum”, porque “dejó una estela de rezagos y desaciertos en su gestión como presidente municipal de Monterrey…”.
El mensaje, obviamente, no fue únicamente para lambisconear a la mandataria.
Quiso desprestigiarlo, cerrarle el paso al senador en sus lógicas aspiraciones potenciales a la gubernatura de Sonora (o Nuevo León) y hasta la Presidencia.
Colosio Riojas, pontificó Durazo, “no puede hablar como si estuviera exento de rendir cuentas.
Y ¡chin!, se entrampó:
“Quienes somos o hemos sido servidores públicos estamos siempre sujetos al escrutinio público. Y en su tierra no lo olvidan”.
Vaya cachaza, procede recordar:
Durazo fue el más activo de un grupito de priistas que tras el magnicidio en Tijuana se ganó el mote de Las viudas de Colosio.
Fue de los que azuzaron al perverso fiscal Pablo Chapa Bezanilla ––el de Paquita la del cráneo–– para que fabricara la marranada de que el asesino intelectual de Luis Donaldo Colosio Murrieta había sido Carlos Salinas de Gortari, y envenenó a la familia del occiso con la misma demencial insidia.
Con el diputado a la sazón Samuel Palma y el senador entonces José Luis Soberanes, Durazo fue de quienes se soñaron con importantes huesos en el gobierno que se frustró en Lomas Taurinas, pero seis años después fue sacado del ostracismo por Vicente Fox, quien lo hizo su secretario particular.
¿“Autoridad moral”?
¿Pues no traicionó a Fox renunciándole con un jocoso manifiesto de 19 cuartillas arguyendo no estar de acuerdo con su gobierno? ¿Pues quién carajos creyó que había votado por él?
Ya ni qué decir del señalamiento de Julio Scherer Ibarra, exconsejero jurídico de AMLO, de que su campaña por Sonora, vía el vocero y actual jefe de asesores presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, fue financiada con dinero de la delincuencia organizada…