Adiós al 'Mencho'. ¿Cómo hacer que la historia no se repita?

Ciudad de México /

Tenemos en nuestro vocabulario, en nuestro conocimiento cotidiano los nombres y apodos de tantos criminales que cuesta trabajo hacer la cuenta. Sus supuestas vidas y fechorías tienen más series y películas de televisión –la mayoría bastante exitosas-- que algunos de nuestros mejores actores o directores.

Que si Félix Gallardo, que si La Barbie y la Tuta y los Arellano y Amado Carrillo y sus aviones, y los Zetas o el Viceroy; por supuesto el Chapo y el Mayo y sus respectivos chapitos y mayitos, incluido el Vicentillo y los Beltrán Leyva y Nazario y Caro Quintero y Fonseca; en fin, le paro, son demasiados.

Ayer fue capturado y abatido por el ejército mexicano en coordinación con el resto del gabinete de seguridad y con colaboración de agencias estadounidenses el más actual, el que andaba libre, y el que sin duda había armado una de las redes de crimen y violencia más extensas y potentes desde hace muchos años. Lo conocíamos, como a otros, por su apodo: El Mencho.

Este michoacano había sabido adaptarse a los cambios en los mercados criminales no solo de la droga que de aquí va al mundo, sino que había construido redes de crímenes locales en buena parte del país con extorsión, derecho de piso y, de plano, apropiación de territorio. Tuvo, además, la ventaja que no tuvieron otros: seis años de abrazos.

El tamaño de la operación criminal del caído ayer se refleja en la distribución en el país de reacciones violentas y casi inmediatas después de su captura y muerte.

Al momento que escribo se habían reportado estas reacciones en Michoacán, Nayarit, Guanajuato, Colima, Baja California, Tamaulipas e Hidalgo; además de las respuestas más violentas que sucedieron en Jalisco, donde sucedió el operativo ayer. Seis estados han cancelado clases para hoy. De ese tamaño es la operación de la organización que lideraba El Mencho.

Por lo mismo, el golpe asestado por el aparato militar y de seguridad de México es el más importante en muchos, muchos años.

Ahora. Si repasamos los nombres en el segundo párrafo, queda claro que detener o abatir a un líder y sus más cercanos no termina con la criminalidad ni la violencia, muchas veces empeora. En un país de impunidad, omisión y complicidad, con tantos políticos siempre mirando a cuál ayudan; siempre hay alguien que se ponga en sus zapatos.

Habrá que esperar a que la presidenta Sheinbaum, el general Trevilla y el secretario García Harfuch nos digan cómo impedirán que, pronto, nos sepamos otro apodo.


  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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