En los últimos días, el secretario de Economía y líder en las negociaciones para el nuevo acuerdo comercial entre México y Estados Unidos (ya veremos si Canadá sigue en esto); Marcelo Ebrard ha sido muy claro.
Me gusta una de sus frases porque resume el lío en el que estamos: “No deberíamos ser nostálgicos de una época en la que no había aranceles”.
Ebrard ha dejado claro que se está negociando este nuevo acuerdo, que es mucho más que una simple revisión, con un país, con un gobierno, que hoy no cree en las bondades del libre comercio y menos como la fórmula para el desarrollo de zonas económicas. Eso, ya dejó de existir.
Resumió que “el mundo comercial, el sistema comercial que teníamos, basado en el libre comercio, ya es muy difícil que regrese”.
Y como escribió ayer mi compañero de páginas René Lankenau que le dijo el secretario: “Vamos a tener un proceso complejo de negociaciones. En este vuelo vamos a tener turbulencia. No es para espantarnos, pero no se va a sentir bien. Pero vamos a llegar a un punto en donde sí podemos crecer mucho y la economía mexicana se va a diversificar”.
Y por si quedara alguna duda, Greer, el líder estadunidense de la negociación dijo que los aranceles han llegado para quedarse. Al presidente Trump le gustan. Nunca volveremos a un mundo sin aranceles.
Más claro, ni el agua.
Y uno supone que si Ebrard lo dice varias veces en pocos días es porque está acordado con la Presidenta. Eso es lo que viene.
La pregunta que importa es qué estamos haciendo, en serio, en México para, en principio sobrevivir y, con un poco de suerte, aprovechar que tal vez nos vaya mejor que a otros países y al menos comenzar a reconstruir y rediseñar nuestra estructura industrial, empresarial, productiva para esas nuevas reglas.
Algunas cosas han quedado claras en este año y medio. Por más planes con diferentes nombres que se anuncien, la inversión nueva no llega. Empresarios nacionales y estadunidenses lo han dicho en más de una ocasión: ni la reforma judicial ni este nuevo SAT que hace, pues sí, lo que le pega la gana más allá de lo que diga la ley; nada más no ayudan.
Pero el problema va más allá. El desarrollo del país lleva décadas construyéndose, por decirlo de alguna manera con base en esa relación, única por su magnitud y, pues sí, sus beneficios.
Cuando eso deje de existir, quién está pensando en lo que debe venir.