Duda razonable

Algo no funciona en seguridad y nada cambia

Carlos Puig

Si la estrategia para reducir la violencia en el país se construye todas las mañanas a las seis, en la reunión del presidente López Obrador con su gabinete de seguridad, deberían estar preocupados.

Según el informe de seguridad que se presenta ahí, los primeros días de septiembre han sido particularmente malos, con un promedio de 82.6 víctimas de homicidio doloso en 10 días. Por encima del promedio de los últimos meses, que está en 75 víctimas.

El Presidente ha aceptado más de una vez que es el de los homicidios el mayor reto de su administración, y aunque él y su secretaria de Seguridad han intentado argumentar algún tipo de éxito por haber contenido su explosión en los últimos años, los números siguen siendo inaceptables.

Pero tal vez lo más preocupante es que, tres años después, el gobierno sigue apostando a la misma estrategia: la centralización de la estrategia en una fuerza policiaca federal y todo poderosa como la Guardia Nacional.

Las políticas públicas se definen en el presupuesto. Y en el paquete económico presentado por la Secretaría de Hacienda queda claro que la apuesta sigue siendo la misma: mucha Guardia Nacional. Muy poco para construir policías municipales o estatales de calidad y eficientes.

No hay un centavo por segundo año para Fortaseg, que se repartía a municipios con alta incidencia delictiva e iba directo a fortalecer esas policías. Y llegará el mismo presupuesto que el año pasado para el Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública.

Más allá de su carácter militar, aunque por lo mismo, la construcción de un nuevo cuerpo de seguridad nacional para lidiar con la violencia homicida es cosa de muchos años en preparación, capacitación y organización. No es igual prepararse como soldados que como policías.

Además, muchos de esos soldados ya han estado por años y antes de este gobierno en labores de seguridad interior con malos resultados.

Nada, sin embargo —ni los números que ve cada mañana ni la condición de muchas regiones en el país— parece cambiar la idea sostenida hace mucho tiempo por el presidente López Obrador de que la suya es la mejor solución.

Pocas cosas cambiarán en los próximos años. La tragedia que comenzó en 2006 seguirá.


Carlos Puig

@puigcarlos

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