Cito de un boletín de ayer de la Cámara Nacional de Autotransporte de Carga: “Han pasado 21 días desde que la administración del gobernador Greg Abbott tomó la decisión de frenar el flujo de unidades que transitan por los tres puentes que dividen a la región de Ciudad Juárez con El Paso, Texas. En este periodo Canacar tiene registro de un rezago de al menos 19 mil camiones que no han podido cruzar la frontera. El valor de las mercancías que se encuentran varadas asciende a mil 900 millones de dólares, lo que ha generado ya una grave afectación al comercio entre México y EU. La presencia de elementos del Departamento de Seguridad de Texas en los cruces fronterizos y la puesta en marcha de operativos de revisión provocan cierres de carriles, incrementos en los tiempos de cruce de hasta 24 horas y filas que han llegado a tener una longitud de 23 kilómetros”.
El gobernador de Texas ha estado desde hace un tiempo en una andanada de medidas en contra de México. Nada nuevo. Greg Abbott es un republicano de derecha desde hace mucho y los texanos lo quieren. Es el abogado que por más largo tiempo en la historia de Texas ocupó la fiscalía de justicia estatal (que se decide por votación) y, si decidiera competir en 2026 por una reelección más como gobernador –elección que seguramente ganaría—, sería el que más tiempo habrá ocupado esa silla.
Antiaborto, proventa y compra de armas, antimigrantes, Abbott ha llevado su nueva campaña a la frontera con alambres de púas, policías y guardias texanos y desde hace 21 días complicando el intercambio comercial, el más importante en la frontera que suma algo así como par de cientos de miles de millones de dólares al año. Con cientos de miles de empleos dependiendo de esa relación.
Desde la mañanera el Presidente ha lanzado artillería verbal contra Abbott que ha recibido como respuesta más medidas en contra de México.
La popularidad del gobernador no anda mal, en comparación con la de otros gobernadores y hasta el presidente Biden. Pero más allá de las escaramuzas verbales que funcionan bien en México valdría preguntarnos si habría algo que hacer por medio de los instrumentos legales que da el tratado comercial entre México y EU, o al menos preguntarnos si alguien está pensando hacer algo, porque Abbott no se va a ir, ni los migrantes dejarán de llegar, ni el fentanilo se dejará de consumir.