Algunas lecciones del 'Fiscal de Hierro' y Estados Unidos

Ciudad de México /

Conocí muy temprano en mi carrera a Javier Coello Trejo cuando él estaba en la PGR y yo en Proceso. Lo vi después varias veces cuando yo era corresponsal en Washington a donde él acudía, como el fiscal antidrogas, a encontrarse con autoridades estadunidenses. Le gustaba cenar en el hotel Watergate. Coello tuvo aún que lidiar con la furia estadunidense por al asesinato del Kiki Camarena, sucedido años antes.

En su libro de memorias, Coello cuenta algunas cosas que creo que vale releer en estos tiempos.

“Los gringos son muy pragmáticos y si necesitan sacrificar piezas de su tablero para conseguir sus fines no lo dudan. No se andan con medias tintas, para ellos la amistad no existe/.../ A pesar de que al gobierno mexicano siempre le ha gustado decir que nuestro país y Estados Unidos son amigos, no es así. A lo más que podemos aspirar es a tratar de llevar una buena vecindad atendiendo los grandes problemas comunes, como son el narcotráfico y la migración, y si no les convencen nuestras políticas, peor para nosotros. Eso lo tenía muy claro el presidente Carlos Salinas de Gortari cuando llegó a la Presidencia de la República. Sabía que para echar a andar su proyecto de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá era necesario limar asperezas con los gringos, renegociar la deuda externa, cumplir con los pagos en tiempo y forma, pero además demostrarles que había compromiso y voluntad política para enfrentar al narco, siempre y cuando contáramos con su colaboración, toda vez que el problema de las drogas en buena medida se debe a la gran demanda que tienen en Estados Unidos”.

Cuenta Coello en el libro una conversación temprana con el presidente Salinas en donde éste le dijo: “Mire, licenciado, usted va a tener mucho trato con los gringos, así que permítame darle un consejo. Hay tres reglas para tratar con ellos: lo que les prometa, cúmplaselos; nunca los invite a su casa y si los invita déjelos en el corredor porque si no terminan por acostarse en su cama, y nunca permita que le golpeen la mesa”.

Son apenas un par de muestras. En el libro se cuentan muchas más cosas de esa relación siempre complicada y las maneras de afrontarla.

Vi a don Javier por última vez hace un año y medio para hablar del caso que, me dijo, más orgullo le provocaba, y se notaba por las fotos en su despacho: el rescate de las joyas robadas al Museo de Antropología.

Descanse en paz Javier Coello Trejo. Hoy habríamos de releer sus memorias. Llenas de lecciones.


  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite