El miércoles, Alfredo Pérez Águila, juez del Sistema Tradicional Penal y Especializado en Administración de Justicia para Adolescentes del Poder Judicial de Tlaxcala, dictó auto de libertad a Sergio Rodríguez Rosas, Ricardo Almanza Cerriteño y Jorge Hernández Mora.
Dice la resolución del juez: “Esta autoridad judicial concluye que no existe el nexo causal entre la conducta desplegada por los inculpados con el resultado obtenido, y mucho menos que (los acusados) hayan sido algunas de las personas que privaron de la libertad a las víctimas de identidad reservada”.
Veinticuatro años después de haber sido detenidos por un invento de la fiscalía tlaxcalteca por la presión ciudadana cuando aumentaban los secuestros en la entidad, el laberíntico, disfuncional y absurdo sistema de (in)justicia mexicana los tuvo casi un cuarto de siglo en prisión.
Gracias al trabajo y acompañamiento desde muy temprano en el caso de la Comisión Mexicana para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (una de esas ONG que no le gustan a la 4T ni a Trump) y después de un equipo de abogados y abogadas, encabezado por Agustín Acosta, que aceptaron actuar pro-bono; su defensa logró desmontar las acusaciones.
A Sergio Rodríguez Rosas de 67 años, Jorge Hernández Mora de 45 y Ricardo Almanza Cerriteño de 49 se les ha decretado su libertad y confirmado su inocencia. Y no hay que olvidar a José María Cirilo Ramos Tenorio, también detenido por la invención y quien en 2013 murió en prisión. Las torturas recibidas durante su detención y, posteriormente, durante su traslado, así como la falta de atención médica adecuada dentro de la cárcel derivaron en que su estado de salud fuera deteriorándose cada vez más.
Llevo varios años siguiendo, desde mi oficio, este caso. Desde el miércoles, cuando me enteré de la buena noticia no he dejado de pensar en quienes en estos días pisarán otra vez las calles, abrazarán a sus familias, respirarán tranquilos. ¿Cómo se reintegran? ¿Quién paga por haberles robado más de la mitad de la vida? ¿Cómo se reincorporan a la vida cotidiana que el sistema les robó? ¿Cómo?