En el tiempo que lleva este sexenio, con Claudia Sheinbaum en la Presidencia, no hay encuesta seria que no muestre resultados similares respecto a la calificación del gobierno. Todas muestran una disonancia como lo he calificado en este espacio: mientras a la Presidenta le va muy bien o al menos bien, en temas específicos que no son menores, como seguridad y corrupción, a veces en economía, a la actuación del gobierno le va mal. Pocos ejemplos más claros que el de seguridad, mientras Omar García Harfuch tiene altos niveles de aprobación —peleando con Ebrard el primer lugar entre el gabinete—, la seguridad no tiene aprobación. Cosas extrañas que toca a encuestadores intentar explicar, como de hecho algunos ya han comenzado a hacerlo. Nadie duda de los números, de los resultados, ni de los buenos ni de los malos.
La economía está en problemas. Hasta la Presidenta, con sus acciones e insistencia en inversión, inversión, inversión al mismo tiempo de austeridad en todo, lo demuestra. La pesadísima herencia del primer sexenio morenista más políticas públicas —lo de Pemex, lo peor—, tienen al empleo, el crecimiento, la inflación y más en un mal momento. Un estancamiento del que no salimos.
En seguridad, nadie duda que el número de homicidios se ha reducido, aunque el número y las razones sigan en debate entre los especialistas del tema. Pero otros delitos, como el de la extorsión, el derecho de piso, la toma de negocios en territorio no avanza, o lentamente. La captura de grandes y famosos capos no parece tener incidencia ni en el día a día de la criminalidad ni, evidentemente, en la sensación de los ciudadanos.
Y así se van acercando las elecciones del año que viene que no serán poca cosa. Menos para la hoy Presidenta que no tuvo en Ciudad de México buenos resultados en la elección a la mitad del sexenio pasado perdiendo alcaldías que se pensaban regaladas para Morena, lo que le mereció tensiones serias con López Obrador.
Al coctel de la percepción sobre la economía, la seguridad y la corrupción gracias a los escándalos de estos meses, se añade que en muchos de los estados que se renovarán gubernaturas; la ciudadanía tendrá por primera vez la oportunidad de evaluar al morenismo estatal, y no, no todos van bien.
Ahora, aprovechando la reforma electoral, la apuesta de la Presidenta, acompañada de su popularidad es: ahí voy yo a las urnas, con todo y (algo) de promoción.