Después del operativo Liberación

Ciudad de México /

Después de que por muchos años el crimen organizado controlara, mediante la extorsión, la economía de 14 municipios de Estado de México —de la comida a los insumos para la construcción, el transporte y la paquetería—, el gobierno federal con el de la entidad realizaron el operativo Liberación. Hubo protestas de los criminales, arrestados, anuncios espectaculares del éxito del operativo y jornadas de “devolución” de los bienes incautados que resultaron en más protestas.

Hace unos días recibí este texto de alguien que conozco, que hace muchos años vive y trabaja en la zona del operativo, que cuenta qué ha pasado después y hace, creo, reclamos pertinentes. Me pide no dar su nombre “por razones evidentes: aquí, el silencio es una forma de sobrevivir”, porque “después del operativo anunciado con orgullo por el gobierno federal, la región quedó sumida en una tensión invisible, pero asfixiante. No hay balaceras. No hay cuerpos. Lo que hay es algo más profundo: miedo, incertidumbre, ausencia”.

Escribe: “Desde hace dos días hay toque de queda informal en varias zonas. Llegan mensajes de WhatsApp a vecinos de El Fresno, Cerro Colorado y otras comunidades rurales: ‘nadie en la calle después de las 7’. Nadie sabe de dónde vienen exactamente, pero todos los reciben. Quien desobedece arriesga su libertad… o su vida. De noche pasan camionetas patrullando no para cuidar, sino para recordar quién manda.

“Se han llevado varones jóvenes, incluso de apenas 12 años. La policía brilla por su ausencia. La presidenta municipal guarda silencio. Las casas de materiales y los pequeños comercios permanecen cerrados en El Fresno. Y el turismo, que apenas comenzaba a despertar en esta temporada, ya se fue.

“Mientras tanto, desde la mañanera y las conferencias de prensa se aplauden entre ellos. Se dice que todo salió bien. Pero quienes vivimos aquí sabemos que una red criminal no desaparece con una foto. La estructura que operaba desde lo comercial y lo político simplemente se está reacomodando. Y el pueblo, como siempre, queda en medio.

“No escribo esto para deslegitimar los esfuerzos de seguridad, pero sí para decirlo con claridad: no pueden llegar a golpear… y luego irse. No pueden dejarnos a merced de lo que queda.

“Este testimonio es solo una pequeña muestra. Hay muchas voces más. Ojalá alguien las quiera escuchar”.

Me parece que mi amigo tiene razón.


  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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