Ayer regresó al Senado de la República Enrique Inzunza.
Atendió a reporteros —es un decir—. “Hemos sido objeto de una embestida mediática, de calumnias, hace ya poco más de cuatro meses, desde que una oficina del Departamento de Justicia de EU publicó un instrumento de lawfare, que eso es: un instrumento de guerra judicial, sin aportar una sola prueba”, dijo. Elogió a la fiscal general de la República, Ernestina Godoy, “de gran compromiso, responsabilidad y ética”, e insistió en que no se había encontrado nada en su contra. “Estamos en presencia de un asunto de corte político”, finalizó.
Y ahí está y por lo pronto ahí estará.
El regreso de Inzunza, acusado en la misma causa que el exgobernador Rocha Moya y ocho más —dos de ellos ya convertidos en testigos colaboradores—, es la mejor muestra del mayor problema del país en estos días: la impunidad, política y penal, de los cercanos al movimiento que gobierna el país.
Cierto que a Rocha Moya al menos le hicieron desistir de su absurdo intento de regreso a la gubernatura y que el gobierno dijo que lo está investigando, pero el sinaloense sigue tranquilo.
Ayer escribí sobre los retos de la Presidenta para lo que sigue en el sexenio y, sobre todo, antes de las elecciones de mitad de sexenio. Uno de ellos sin duda es el de la impunidad de tantos. Asuntos en los que la Presidenta parece no querer meterse cuando generalmente alega que “ella no sabía” o que son “decisiones personales”.
Basta ver a las gobernadoras de Quintana Roo y Baja California. Ya no digamos a Andrés López Beltrán y otros.
Si creíamos que aquel episodio vergonzoso cuando a Cuauhtémoc Blanco lo defendieron y en los hechos exoneraron, sus correligionarios y correligionarias, no es menor lo que vemos ahora cada vez con más personajes ligados a Morena y sus gobiernos.
La Presidenta debe entender que esa impunidad termina pagándola ella y que alegar ignorancia o invitar, como ayer, a que no se haga, sólo deja la sensación de que es ella —por el poder que tiene— quien otorga el perdón. Y tantos pueden seguir tranquilos y hasta creciditos; basta ver a Inzunza ayer.