La agonía de la oposición

Ciudad de México /

En estos días terminó la primera gira nacional de los líderes de Morena, Luisa María Alcalde y Andrés López Beltrán, para ordenar territorialmente el partido e intentar afiliar a millones de mexicanos. Es, sí, es cierto, la construcción de un partido de Estado como lo conocimos en otros tiempos; en el esfuerzo se usarán seguramente recursos del Estado y tendrán, como han tenido, a gobernantes que supuestamente representan a todos trabajando solo para Morena. En este país vivimos.

Más allá de las broncas internas de un partido de ese tamaño, las que faltan y de las muy tempranas grillas para ir acomodándose para elecciones lejanas como la de Ciudad de México o la Presidencia, están haciendo lo que, uno supone, los partidos políticos deben hacer.

Con todo su poder, el partido mayoritario está haciendo básicamente lo que le da la gana y uno tiene la sensación de que, de no ser por una crisis económica mayor, en los próximos años —cosa que no debe descontarse dado lo que estamos viendo aquí y en la relación con nuestros socios— la cosa del partido casi único podría durar un buen rato.

Creo que la pregunta es qué están haciendo los de enfrente. Los otros. Siguiendo su propia lógica cuando, justificadamente, se quejaron de la sobrerrepresentación en el legislativo, hubo casi 40 por ciento de mexicanos que salió a votar en junio por una opción diferente al partido mayoritario.

¿Qué han hecho desde el 2 junio?

Además de pelearse entre ellos, renovar dirigencias (no se rían) dejando fundamentalmente a los mismos y dar un par de buenos discursos en el Legislativo y varios espectáculos ahí mismo, ¿dónde está su relación con aquellos casi cuatro de cada diez mexicanos que votaron por ellos? ¿Cuándo les han extendido una mano, les han explicado qué quieren hacia el futuro o les han preguntado qué querrían que fueran?

La partidocracia mexicana se armó en los años de la transición de un colchón muy cómodo para que nunca falte el dinero para los que la gobiernan. Por más fracasos que tengan, los algunos que quedan por ahí en puestos de partido o en algún legislativo no necesitan mucho más. Esa comodidad es la mejor receta para morir como organización. Eso sí, no antes de disfrutar, con hartos recursos públicos de una larga, larga agonía.


  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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