La obsesión con la austeridad que todo acaba

Ciudad de México /

Desde hace siete años, con la llegada de Andrés Manuel López Obrador y Morena a la Presidencia, uno de sus principios rectores, eslogan, bandera, ha sido aquello de la austeridad republicana.

​Hoy nos queda claro que eso no aplica a la vida diaria, ni cuentas de banco de muchos de los morenistas; pero sin duda ha aplicado al aparato gubernamental de la Federación y de algunos estados gobernados por ellos y llevan todo este tiempo queriendo que otras entidades hagan lo mismo mediante la reducción.

​La austeridad aplica en la operación del gobierno, no en sus obras, en sus trenes y aeropuertos y, por supuesto, la Sedena.

​Pero la cantidad y calidad de excesos de los cuatroteistas “no austeros” han invadido las primeras planas y la información y vemos menos ahora, como si lo vimos en el sexenio pasado, los reportes de lo mal que la pasan instituciones y servidores públicos —no los jefes, por supuesto— en su chamba cotidiana por falta de recursos para su operación. Sí, ni para papel de baño en varias dependencias según cuentan.

​El libro La austeridad mata de Nayelli Roldán, publicado el sexenio pasado, es una muy buena fotografía de todo esto.

​Menciono la austeridad porque ayer, cuestionada sobre la reforma electoral que se viene, insistió que su prioridad es la reducción de los gastos en las elecciones en general, tanto en los partidos como en los órganos electorales. “Las elecciones de México —de México—  son de las más caras del mundo y no tiene por qué ser así”.

​Hay mucho que decir sobre esto, pero va un primer apunte sobre lo dicho ayer por la presidenta: Los partidos políticos reciben una enorme cantidad de dinero, tanto para sus operaciones ordinarias como para las campañas; es cierto. Nada más que eso se hizo por exigencia del movimiento que hoy gobierna para que no fueran otros intereses —económicos, criminales— los que intervinieran a base del dinero. Todos sabemos que eso sigue sucediendo a espaldas de toda autoridad dentro de todos los partidos, pero no hay que dejar de decir que en la 4T les encanta.

​Segundo: sí, la operación del INE es cara, pero curiosamente es la única institución que nos da a todos los mexicanos una identificación confiable que nos piden en todos nuestros trámites. Eso no es barato para que sea confiable, como de hecho, hoy confiamos.

​La presidenta habló luego de la democracia y cómo la reforma no atentará contra ella. Tenemos semanas para seguir comentando. Claro, cuando haya reforma.


  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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