Las encuestas o cómo terminar el prestigio de una industria

Ciudad de México /

¿Cuál es la preferencia electoral de Claudia Sheinbaum rumbo a la presidencial? ¿39 por ciento? ¿66 por ciento? ¿75 por ciento? ¿56 por ciento? Usted elija. Todos son números que se han presentado en encuestas que se han hecho públicas recientemente.

¿Cómo le va a Xóchitl Gálvez? ¿15 por ciento? ¿34 por ciento? ¿40 por ciento? ¿24 por ciento? Igual, usted díganos lector, ciudadano.

¿Y Samuel García? ¿23 por ciento? ¿10 por ciento? ¿3 por ciento? ¿Va en segundo lugar? ¿En tercero? ¿Va ganando? Okey, esto último nadie lo ha dicho… todavía.

Insisto, todos los porcentajes mencionados en los párrafos anteriores son de encuestas publicadas por diferentes empresas. Unas con más prestigio y experiencia, otras con menos; la mayoría dan a conocer su metodología, que si territorio, que si telefónica, que si internet, que si combinaciones de todo; y luego ponderaciones y total, que si uno las ve juntas pareciera que son encuestan en diferentes países o sobre diferentes personajes de los que ahí mencionan.

Me abstendré hoy de poner nombres de empresas específicas porque estoy convencido que lo que estamos viendo afecta al total de la industria. Es curioso: los encuestadores son científicos, así se forman aprendiendo, entre otras cosas, unas matemáticas que nosotros no imaginamos. Pues ellos han convertido el asunto de las encuestas políticas en un asunto de fe. Y, por supuesto, ya veremos en julio del 24 las comparaciones y las discusiones: ¿Viste? Yo casi le atiné y tú, ni de lejos. ¿Pero te acuerdas el ridículo que tú hiciste en las del 21 o las de tal estado? En fin. El desastre.

Mala cosa cuando hace muchos años los partidos comenzaron a mudar sus decisiones sobre candidaturas de procesos internos, acuerdos y primarias a las encuestas. Brotaron “encuestadores” de entre las piedras. Había negocio porque los partidos tienen mucho dinero, cómo no. Y aquí estamos.

Es cierto que quienes llevamos un rato en esto conocemos empresas serias, que no se venden al mejor postor ni a nadie, que intentan hacerlo de la mejor manera. También es cierto que el ambiente y las absurdas diferencias que vemos todos los días manchan a toda la industria y lo que debería ser información relevante se vuelve, tan solo, instrumento electorero.

Y apenas estamos arrancando este ciclo.


  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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