A diferencia de otras decisiones desde que tomó posesión para cumplir con su segundo mandato, muchas de ellas ciertamente fuera de las leyes internacionales y de las suyas propias, más allá de las amenazas que pusieron a temblar a tantos países en los últimos meses, de su empeño por polarizar aún más a la sociedad estadunidense; más allá de lo que hemos visto en este año y meses; la decisión de Donald Trump de atacar, junto con Israel, a Irán es la decisión que en serio le puede traer costos políticos tanto en las elecciones intermedias de este año como en el resto de su mandato.
Es difícil entender por qué tomó Trump la decisión. Una cosa está clara, o no conoce o simplemente ignoró la historia. La reciente. Nada ha salido bien para el vecino del norte cada vez que Estados Unidos ha querido intervenir en aquella parte del mundo. Desde la llamada segunda guerra del golfo, en Kuwait hace más treinta años, menos aún la invasión en Irak o a Afganistán a principios del siglo. Cada una de esas guerras o invasiones marcó para siempre a sus ejecutores y, como en el caso de Afganistán, a más de un presidente y por mucho tiempo.
No solo eso, cada intervención estadounidense en la región —y tiene lógica— ha aumentado el sentimiento en contra del país más poderoso del mundo con lo que todo eso significa y que de por sí ya significaba.
A diferencia de las amenazas, la retórica, algunas consecuencias, las amenazas, los aranceles —siempre corregidos— el secuestro de Maduro o el bloqueo al petróleo para Cuba; esta decisión trumpiana está teniendo consecuencias serias para el país que gobierna y, por tanto, para él y su popularidad que, se sabe, es de lo que más le interesa.
Así lo dicen las encuestas, sí, pero también las elecciones locales más recientes y, más importante, las discusiones dentro del partido republicano y el movimiento MAGA que al menos empiezan a discutir si no habrán hecho mal en darle tanto poder a Donald Trump. Cada vez son más decisiones judiciales en su contra y hasta los ministros de la Suprema Corte comienzan a dudar.
Ahora, nada de esto quiere decir que Trump cambiará o se abstendrá de alguna de sus ideas, por absurdas que sean.
Al contrario, siendo quien es, podemos esperar que las cosas en los próximos dos años y medio y más allá de la votación de este noviembre, sus decisiones y por tanto sus consecuencias, se pongan peor.