Meter gente a la cárcel es muy popular. No hay duda de que en buena parte la pasión de Andrés Manuel López Obrador por la prisión preventiva oficiosa, lo que él llama hacer que los delitos sean clasificados como “graves”, tiene que ver con que, en un país sin justicia, mandar gente a prisión como sea arranque aplausos y votos de una ciudadanía desesperada por la situación.
El fracaso —vayamos aceptándolo— de la reforma al sistema de justicia de 2008, que incluía muchas cosas además de una reducción significativa en la prisión preventiva oficiosa, se lo debemos en parte al discurso de los políticos que querían meter más gente a la cárcel sin importar cómo o por qué. La supuesta “puerta giratoria”, insistían, era la culpable de la inseguridad y la violencia, para ocultar su inutilidad en materia de investigación, armado de casos, corrupción en los ministerios públicos y juzgados… y otros etcéteras.
Vale la pena leer el informe del año pasado del World Justice Project, “Qué (no) es puerta giratoria? Mitos, metáforas y evidencia”. Más ahora que uno de los grandes impulsores de ese mito, Miguel Ángel Mancera, anda hablando dizque en contra de la prisión preventiva oficiosa. Así la politiquería y el cinismo.
Eso sí, de la reforma nos quedamos con que hoy es mucho más sencillo iniciar proceso en contra de alguien, lo que, sumado a la ampliación del catálogo de delitos con prisión preventiva, pues permite encarcelar a más, sean culpables o no, sea necesario encarcelarlos o no.
Como dice el informe mencionado de WJP: “…el endurecimiento de la legislación, por sí mismo, no cumple propósito alguno para la seguridad pública. Al contrario, genera incentivos perniciosos en el proceso investigativo, pues reduce las exigencias a cargo de las procuradurías y fiscalías y atrofia la capacidad de las fiscalías de emprender investigaciones rigurosas, además de vulnerar principios motores del sistema penal acusatorio”.
Ahora en la mañanera nos presumirán el número de arrestados y nos venderán el cuento que eso significa más seguridad y que con eso no hay impunidad… pues no. La evidencia dice que no. La historia del país dice que no, por más que arrestamos la inseguridad no cesa.
Eso sí, habrá muchos aplausos porque el populismo penal ha triunfado gracias, entre otros, a Mancera, que ahora dice no se qué tantas cosas...
Carlos Puig
@puigcarlos