Política electoral contra política pública

Ciudad de México /

El viernes de su regreso después del más reciente contagio de covid, el Presidente anduvo con todo: más de tres horas de mañanera despotricando contra todo y todos los que hace tiempo alucina, reunión con senadores, hasta con los que no quiere como Monreal, y órdenes precisas para que como fuera pasaran sus reformas que la Cámara de Senadores aprobó con el desaseo propio de Morena.

Fue una especie de fin de sexenio legislativo, conocedor el Presidente que para septiembre las broncas internas de su partido por el proceso sucesorio estarán con todo. Para muestra, basta un consejero del INAI.

Las maneras en que se aprobaron las reformas y en muchos casos sus contenidos dejan claro que una buena parte de lo aprobado se topará con la Suprema Corte o, simplemente, con la imposibilidad de llevarlas a cabo o están condenadas al fracaso. Veremos.

A diferencia de muchas de las políticas impulsadas por el Presidente en la primera mitad de su sexenio, todas anunciadas en sus 100 compromisos y que venían de años de campaña y en sus libros, lo que vimos en esta semana es más un manotazo, una afirmación de otras cosas que lo hagan confrontarse con lo que él y sus seguidores llaman los conservadores. Un acto de diferenciación más allá de resultados, un acto de campaña.

En ese sentido, el espectáculo que vimos en el Senado la semana pasada cuando la oposición tomó la tribuna para impedir la sesión, la noche de pijamada, Xóchitl encadenada, debe haber sido celebrada en Palacio Nacional, de hecho el Presidente invitó el viernes a que se quedaran ahí un rato más. La provocación había cumplido uno de sus objetivos, contra la narrativa presidencial de que esas reformas son lo que quiere y necesita el pueblo bueno, miren cómo se ponen estos neoliberales corruptos.

De eso se va a tratar la elección de 2024, de lo que trató la semana pasada en el Senado, más allá de propuestas específicas.

Un apunte: entre todas las reformas aprobadas por Morena hay otra que tiene otro objetivo. La muerte del Insabi esfuma una institución que tuvo mucho presupuesto, logró muy poco —soy generoso— y nunca rindió cuentas.

Así, en medio de la ensalada se coló un acto de ocultamiento de algo que de conocerse, como en Segalmex, podría seguir terminando con el discurso anticorrupción.

  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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