Tres escándalos, tres cartas.
La más reciente es la de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, después de que se diera a conocer que le gusta viajar en vuelos privados que no son exactamente baratos. Esto en tiempos de austeridad republicana. En tiempos de la cuarta transformación, cuando corrieron a alguien por andar viajando a bodas en vuelos privados, y se vendió, o remató o se regaló un avión presidencial por aquello de no gastar. En estos tiempos, pues.
Antes habíamos leído la de Andrés López Beltrán y la de Rocha Moya.
Pero arranquemos con la más reciente.
El asunto con la gobernadora es de austeridad, entonces su respuesta tiene que ver con eso —o así lo intenta—.
Nos dice que, porque es mamá, “rol que debo combinar de manera eficiente” —sí, eso dice— , pues tuvo que hacer esos viajes. Pero eso sí: “jamás fueron solventados con dinero público”.
¿Cómo? Pues tres décadas en la iniciativa privada.
Pues ya está. Si usted quiere trabajar para el partido de la austeridad, lo que tiene que hacer es chambear treinta años y ya le alcanza para viajar los próximos en vuelos privados. Eso si es economía del bienestar. Debería ser parte de la formación de los jóvenes construyendo el futuro, porque ese futuro no está nada mal. En fin. Y recordemos que ella “nunca ha faltado a la verdad”.
Por supuesto que en la carta saca de la jugada al “senador con licencia”. Porque no basta con escribir —una carta— intentando justificarse ella, sino que había que sacar de la jugada a Eugenio Segura, su exsecretario de Finanzas y su preferido para ser el candidato de Morena rumbo a las elecciones del próximo año.
En un gobierno que centra su actividad en la presidencia y en particular en Palacio Nacional todas las mañanas, cualquier asunto que involucra a los suyos, pues llega a ella, a la Presidenta.
Así llegó el de López Beltrán, que por razones desconocidas pero que igual vuelan la cabeza cualquiera que sea la respuesta, nos anunció a todos que le habían quitado la visa, y se lanzó contra el gobierno de Estados Unidos, que de por sí trae más dolores de cabeza a este gobierno que cualquier otro asunto. Como estalló el de Rocha Moya, cuando sin avisarle —dijo la Presidenta— decidió regresar y también insultar a los vecinos. Así le fue.
Y ahora nueva carta. La de Inzunza, basta ya.
Uno esperaría que estos episodios sean lecciones para estos tiempos en que se están decidiendo candidaturas. Que al menos sepan escribir, digo yo.