Hay una acumulación inexplicable y enorme de detalles que han construido el desastre sucedido en la Universidad Nacional Autónoma de México en las semanas siguientes.
Cómo es que nuestra más importante institución educativa y de investigación llegó a esto.
El anuncio de cómo quieren corregirlo, elogiado con aplausos muy medidos por muchos, es apenas una fuga hacia adelante, una manera que parece, o les parece a varios que saben de esto, la ruta correcta para corregir el desaguisado.
Veremos cómo termina esto del examen “de control” y si apacigua a estudiantes y padres de familia que se sienten maltratados por lo sucedido. Tanto los que sin hacer trampa aprobaron como los que se quedaron cerca y, ahora lo saben, presuntamente porque otros hicieron trampa. No se ve sencillo. Esperemos que esto termine medianamente.
Dijo el rector al anunciar la decisión: “Ofrezco una disculpa a las aspirantes y a los aspirantes que, habiendo sido aceptados limpiamente, serán convocados a presentar el examen de control, pero es necesario para dar certeza y garantizar la equidad en el acceso. Tengan la confianza que obtendrán un buen resultado y que confirmarán su ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México”.
No sé si la “confianza” alcance para alivianar a jóvenes y familias que llevan mucho queriendo entrar a la UNAM y preparándose para ello. No quiero imaginar a quien ahora, en un segundo examen, no le vaya bien.
Se entiende que el rector, que esta Rectoría, haya siempre querido ser discreto. Desde su fundación, la UNAM ha estado en la mira de la política y los políticos para apoderarse de al menos una parte de ella. Pero después de esto tal vez sea el momento de un ejercicio de transparencia y de examen, de una mirada hacia adentro de cómo llegó a esto. Sobran en la Universidad Nacional instituciones, preparación e inteligencia para hacer una revisión detallada del errado camino que hoy tiene a decenas de miles de alumnos teniendo que hacer un examen.
No urge, no es para mañana. Primero arreglar lo descompuesto.
Pero si no se hace ¿quién confía en el examen del año próximo?
Sí, algo salió mal. Muy mal. Examinarlo, decirlo, aceptarlo es un acto no solo para que no vuelva a suceder, sino para recobrar confianza.