Nada empodera más a un personaje como Donald Trump que lo sucedido el sábado en Washington al inicio de la tradicional cena/celebración de la organización que agrupa a los periodistas que cubren la Casa Blanca.
Al final de cuentas, con lo que sabemos hasta el momento de cerrar la edición, el atacante iba contra el gobierno, el gabinete y, claro, Trump. Al mismo tiempo, nada trágico sucedió, no hay un sólo muerto y el único herido, y de manera superficial, es un agente del Servicio Secreto, gracias a la actuación de las múltiples instituciones de seguridad que resguardaban el evento. Trump, una vez más, víctima de un loco que intentó disparar en una reunión de cientos de los personajes más relevantes de la capital estadounidense.
Había sido una semana desastrosa para Trump. Su guerra con Irán iba de mal en peor. Nada le ha salido como lo imaginó y al final de la semana, después de haber anunciado una nueva ronda de negociaciones en Pakistán, las canceló en el último minuto extendiendo la supuesta tregua, pero también la incertidumbre que tiene al mundo con escasez no sólo de combustible, sino de fertilizantes y otros productos esenciales. Las encuestas dadas a conocer la semana pasada mostraban bajas en su popularidad históricas para un presidente en las últimas décadas, poniendo en peligro el control del Congreso —hasta en ambas cámaras— rumbo a las elecciones de este noviembre.
En el último mes ha decidido correr a miembros clave de su gabinete de seguridad y defensa por diferentes razones y todo indicaba que el director del FBI sería el próximo.
No es azaroso que Trump sea el personaje que ha dominado la escena política estadunidense la última década. Hay cosas que entiende mejor que muchos de sus adversarios —demócratas y republicanos— y lo sucedido el sábado en el Washington le da una nueva oportunidad. Lo sabe. Tanto que dio una conferencia de prensa esa misma noche, en donde fue —imagínense— hasta generoso con el periodismo al que ha atacado sin freno.
Ayer domingo se sentó en entrevista con el programa periodístico más visto de la televisión estadunidense, 60 minutos, al que también ha amenazado con destruir. En esa entrevista sí dijo que su entrevistadora era una persona horrible y que se deberían avergonzar por haber leído partes del “manifiesto” del hombre detenido en los que llamaba a Trump pedófilo y violador.
Trump sabe, sin embargo, a quienes les habla. Tendremos a un Trump empoderado las próximas semanas. Eso no suena bien.