Después del desgarriate que se armó con la absurda decisión del exgobernador Rocha Moya de querer regresar a la gubernatura estando acusado de narcotráfico en Estados Unidos, la presidenta Sheinbaum recompuso los cosas con un golpe de autoridad y al menos demostró quién manda en un momento en que se dudó de todo, incluso en la respuesta a esa pregunta.
La que sin duda es la crisis más grave en lo que va de su sexenio se ha apaciguado, por el momento. Y qué bueno, porque vienen días y semanas complicadas por importantes.
De trascendencia para el futuro del sexenio y del país es la renovada obsesión trumpista con los aranceles comerciales como hemos visto en estos días con Canadá, que se resume con su posteo del lunes en su red social, en la que dijo que Canadá era “una de las peores naciones del mundo con las que tratar” y que “ya no será tratada como un Estado. Se sienten con derechos, y sin embargo, ¡no necesitamos a Canadá, ellos nos necesitan a nosotros!”, escribió.
El gobierno canadiense ha respondido con dureza a las decisiones y los insultos de Trump, pero eso no evita las consecuencias. También las que de una u otra manera tendrán que ver con México en el momento en que se negocia la revisión anual de tratado comercial.
Ayer, la Presidenta lo dijo con todas sus letras en la mañanera aunque después quiso moderar. Cuando le preguntaron sobre la bronca entre los vecinos contó que hace poco había hablado con el primer ministro canadiense, pero “todavía no venía este rompimiento, no quisiera llamarle ‘rompimiento’, este desencuentro —vamos a ponerlo así mejor—, este desencuentro en las pláticas que tuvieron sobre este incremento que hizo, que planteó Estados Unidos a los aranceles hacia Canadá”.
Quiso ser optimista –así lo dijo– que con México habrá acuerdo. Pero sin Canadá queda claro que lo trilateral queda en el limbo. Una vez más, las consecuencias económicas en estos momentos complicados podrían seguir estancando el crecimiento.
Y por supuesto que el asunto de la seguridad y la complicidad de políticos con criminales sigue estando en la mesa como queda claro después de la última declaración del director de la DEA unos días más tarde de haber elogiado a García Harfuch.
Pero en el centro, más allá del manotazo en Sinaloa, se tendrán que tomar decisiones que apuntarán al futuro: quién queda en la gubernatura y quién compite por las elecciones de parte del oficialismo. Y por supuesto la pregunta más importante: ¿qué pasará con Rocha Moya y sus cómplices?