5 de mayo: la versión de los vencidos

Ciudad de México /

¿Cómo vivieron la batalla del 5 de mayo de 1862, frente a Puebla, los soldados del Cuerpo Expedicionario de Francia en México? ¿Cuál es la versión de los vencidos?

El núcleo de la batalla, que estalló antes del mediodía, duró más o menos cuatro horas. En ese lapso murieron alrededor de 254 hombres: 83 mexicanos y 171 franceses. Un promedio de más de 60 combatientes por hora: un muerto cada minuto, durante cuatro horas… Hubo también heridos, muchos, 436 en total: 132 mexicanos y 304 franceses. Un promedio de cerca de 110 soldados por hora: dos heridos cada minuto, durante cuatro horas… Las batallas eran sangrientas en aquellos tiempos, con tácticas napoleónicas de choque frontal entre las líneas.

En el campo de los franceses imperaba un sentimiento de amargura después de la batalla. “El general Lorencez sintió un intenso pesar por el fracaso que había sufrido”, recordaría, ya grande, el general Gustave Niox, entonces oficial del Cuerpo Expedicionario. Echó la culpa al representante de Francia en México, el señor Dubois de Saligny, quien lo había engañado, dijo, con respecto de las emociones favorables a la Intervención en la ciudad de Puebla. “¡Soldados y marinos! Su marcha a México se detuvo”, proclamó en un bando Lorencez. “Se les había repetido cien veces que la ciudad de Puebla estaba ansiosa de su presencia y que su población correría a su encuentro para cubriros de flores. Con la confianza que nos dieron esas certezas engañosas nosotros nos presentamos en Puebla”. Sus oficiales hicieron eco de esas palabras. “Nos engañaron sobre el verdadero estado de las mentes”, escribió uno de ellos. “Mejor hubiera sido no venir nunca”.

Por un momento, Lorencez pensó en recomenzar el ataque por otro punto, pero al final decidió la retirada hacia Orizaba. No quería exponer a su ejército, que era pequeño, a otro descalabro. El 10 de mayo salió de Amozoc rumbo a Tepeaca para seguir de frente hacia Acatzingo, Quecholac y Palmar. Sus hombres marchaban cabizbajos. El capitán de artillería Paul Guinard escribió el 22 de mayo, ya desde Orizaba: “Cuando dejamos Francia, todo el mundo hablaba de nuestra expedición como de un juego. Un paseo nada más, ¿no es cierto? Tan sencillo como ir un domingo a Saint-Cloud”. El capitán Guinard moriría un año después, el 16 de mayo de 1863, la víspera de la rendición de Puebla. Sus compañeros entraron al día siguiente en la ciudad, mientras él era sepultado.

Todo comenzaba a ser visto con menos inocencia por los franceses. Quedaba ya claro que la Intervención en México, para tener éxito, implicaba multiplicar, en hombres y en armas, los elementos del Cuerpo Expedicionario. Esa fue la decisión que tomó en aquel verano de 1862 el emperador Napoleón III, junto con la de relevar del mando al general Lorencez. Estaba molesto con su conducción de la batalla del 5 de mayo, furioso por las consecuencias que todo eso tenía sobre sus planes. El descalabro en Puebla, en efecto, habría de retrasar por un año la llegada de los franceses a la capital de la República. En ese momento, la nación tuvo el tiempo que necesitaba para preparar la resistencia. Los franceses habían sufrido una derrota de verdad en las afueras de Puebla. 


  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
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