Agua

Ciudad de México /

El agua está distribuida de manera sumamente desigual entre los países del planeta. Hay unos pocos que tienen mucha, como Canadá, y hay muchos, la mayoría, que tienen poca, algunos casi nada, como Arabia Saudita. Asia concentra 60 por ciento de la población del planeta, pero tiene nada más 36 por ciento del agua. Norteamérica, que reúne apenas 8 por ciento de la población del mundo, tiene en cambio más de 15 por ciento de sus recursos hídricos. Esta desigualdad está también reflejada en las reservas de agua subterráneas, que son esenciales, ya que representan 96 por ciento del agua dulce que hay en el planeta. Están identificados 273 acuíferos en el mundo: 90 en Europa Occidental, 65 en Europa Oriental, 68 en América, 38 en África y apenas 12 en Asia. Estos acuíferos son a menudo la única fuente de agua en las regiones más áridas del planeta, como la Península Arábiga.

La disponibilidad de agua en el planeta es hoy mucho más baja que a mediados del siglo pasado. Hace cincuenta años, por ejemplo, México tenía una disponibilidad de agua considerada “alta”: 11 mil 500 metros cúbicos por habitante por año. Hoy tiene una disponibilidad “baja”: 4 mil 900 metros cúbicos, menos de la mitad. Más de nueve millones de mexicanos no tienen agua. El problema es particularmente grave en el Valle de México, que estaba antes cubierto por una sucesión de lagos de más de 2 mil kilómetros cuadrados, y que tiene hoy la más baja disponibilidad de agua de todas las 13 regiones hidrológicas de la República: apenas 230 metros cúbicos por habitante por año. El 70 por ciento del agua que consume ciudad de México proviene de los acuíferos locales, la mitad de los cuales está sobreexplotada; el resto, 30 por ciento, tiene que ser importado de la cuenca de Lerma y Cutzamala. El problema es gravísimo porque, sin agua, la ciudad no es viable.

La autoridad tiene mucho que hacer: actualizar las tarifas, detener la sobreexplotación de los mantos freáticos, construir plantas de tratamiento de agua, bajar el nivel de fugas por las que actualmente desaparece la tercera parte del agua entubada. Necesita invertir en el agua, multiplicar el presupuesto del agua (más o menos por cuatro, dicen los expertos). Necesitamos estar invirtiendo al menos 0.3 por ciento del producto interno bruto en infraestructura de agua, que es el porcentaje estándar en el mundo. Pero estamos invirtiendo ahora menos de la mitad de lo que invertíamos en 2012. Hay que repensar, por eso, la economía del agua: elevar las tarifas, sin duda, pero sobre todo aumentar el presupuesto.

En el último artículo que publicó en El Universal, Carlos Urzúa criticó el desdén del Presidente hacia el agua. “Nunca supo apreciar la enorme importancia que tiene el agua para todos los mexicanos”, dijo. “Siempre privilegió el petróleo sobre el agua”. Urzúa señaló que, en el presupuesto federal correspondiente a 2024, el monto asignado a Conagua fue del orden de 63 millones de pesos (una reducción de 13 por ciento de la cantidad aprobada para el año anterior). En comparación, añadió, la aportación presupuestada para mantener a flote a Pemex este año será del orden de 140 mil.


  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
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