La prórroga (de Juárez)

Ciudad de México /

Eran los tiempos de la guerra contra la Intervención. El presidente Benito Juárez terminaba su periodo de gobierno en diciembre de 1865. Había sido imposible, en el curso de ese año, llevar a cabo las elecciones previstas para elegir a su sucesor, pues las tropas del imperio tenían el control de la mayor parte del territorio en México. Así, al finalizar el año, aún no había una persona designada para ocupar la Presidencia de la República. La Constitución preveía que, al terminar el periodo del presidente, en caso de no haber un sucesor designado conforme a la ley, “el Supremo Poder Ejecutivo se depositará interinamente en el presidente de la Suprema Corte de Justicia” (Artículo 82). Es decir, en Jesús González Ortega, el general en jefe de los liberales que derrotaron a los conservadores en la guerra de Reforma.

Todo indica que el Presidente va a querer prolongar su propio gobierno. Veremos si puede

Don Benito no simpatizaba con la idea de prorrogar su mandato. Le horrorizaba, sin embargo, la posibilidad de abandonar la Presidencia. Era un hombre respetuoso de la ley, pero pensaba que él defendería, mejor que nadie, los intereses de la República. Permaneció durante meses indeciso. Unos insistían en que los funcionarios de la nación, elegidos por el voto, tenían que persistir en sus funciones hasta que pudieran ser organizadas de nuevo las elecciones. Otros argumentaban que la ley trazaba ya, con claridad, el camino que había que seguir. Nadie sabía con certeza qué iba a pasar en diciembre. Tres semanas antes de finalizar su mandato, entonces, tras consultar a los miembros de su gabinete, Juárez tomó la decisión de prorrogar su cuatrienio en México. Para ello expidió dos decretos en Paso del Norte, Chihuahua. Uno anunciaba la prórroga de su gobierno hasta que el país pudiera elegir a un nuevo presidente, decisión que sustentó en las amplias facultades que le había dado el Congreso al estallar la guerra, y otro acusaba a González Ortega de abandono del cargo de presidente de la Suprema Corte de Justicia, al viajar a Estados Unidos (viaje que hizo, por cierto, con el aval de don Benito).

La decisión de Juárez provocó una cadena de reacciones entre los hombres de la República. Estuvieron a favor, entre otros, los generales Porfirio Díaz, Mariano Escobedo, Vicente Riva Palacio y Ramón Corona, y en contra, en cambio, los generales Miguel Negrete, José María Patoni y Manuel de Quezada. A favor, el ministro Matías Romero pero, en contra, un amigo de Juárez, el licenciado Guillermo Prieto. Años más tarde, Emilio Rabasa, en su libro La Constitución y la dictadura, escribiría lo siguiente: “No es posible asumir poder más grande que el que Juárez se arrogó del 63 al 67 (…) Sustituyó al Congreso, no solo para dictar toda clase de leyes, sino en sus funciones de jurado para deponer al presidente de la Suprema Corte, y fue más allá: sustituyó no solo al Congreso sino al pueblo, prorrogando el término de sus poderes presidenciales por todo el tiempo que fuese menester”. La prórroga todavía pesa sobre la memoria de Benito Juárez.

El actual Presidente de México quiso prorrogar el periodo del gobernador de Baja California. Quiere prorrogar el mandato del presidente de la Suprema Corte. Todo indica que va a querer prorrogar su propio gobierno. Veremos si lo puede hacer. 

Carlos Tello Díaz

Investigador de la UNAM (Cialc)

ctello@milenio.com

  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
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