“La Tierra es nuestro único accionista”

Carta de viaje

Carlos Tello Díaz

Carlos Tello Díaz
Ciudad de México /

La protección de la naturaleza comenzó a ser vista, a fines del siglo pasado, como el reto más grande que enfrentaba la humanidad para preservar la vida en la Tierra. Los actores más diversos asumieron entonces el compromiso de promover un desarrollo que fuera sostenible, es decir, que respondiera a las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de responder a las suyas. Así coincidieron los gobiernos nacionales, los organismos internacionales, las organizaciones no gubernamentales, y también el gran capital privado.

La influencia de los grandes empresarios con vocación ambientalista tomó formas muy diversas en nuestro continente. Algunos promovieron iniciativas de financiamiento a la conservación por medio del apoyo a ONGs, como el empresario suizo Stephan Schmidheiny, quien centró su trabajo en la formación de capacidades, sobre todo en Costa Rica. Otros optaron por la creación de áreas naturales protegidas, como el empresario americano Douglas Tompkins, quien tras vender The North Face, consagró su fortuna y su talento a la protección de la naturaleza en Chile.

Yvon Chouinard es un conocido escalador y ambientalista americano, y también un gran empresario, el creador de la marca de ropa Patagonia. “Nunca quise ser un hombre de negocios”, dice. “Empecé como un artesano, haciendo equipo para escalar para mí y para mis amigos”. Patagonia, fundada hace cerca de cincuenta años, comprendió el daño que hacía ella, y las empresas, al planeta; comenzó entonces a buscar la forma de minimizarlo, usando productos que causaban menos daño al medio ambiente, dando dinero a la lucha contra la crisis ambiental. ¿Qué más hacer, preguntó en 2018? Una opción era vender la marca y donar todo el dinero, pero eso no aseguraba que los nuevos dueños mantuvieran sus principios y los trabajos de todos sus empleados. Otra opción era hacer pública la empresa, pero eso significaría mucha presión en favor de la ganancia a corto plazo. “La verdad es que no había buenas opciones, así que las tuvimos que crear”, explicó Chouinard hace unos días, al hacer su anuncio. “En lugar de extraer valor de la naturaleza y transformarlo en riqueza para los inversionistas, decidimos utilizar la riqueza que crea Patagonia para proteger la fuente de toda la riqueza”. Y añadió esto: “La Tierra es nuestro único accionista”.

Yvon Chouinard hizo el anuncio a finales de la semana pasada. Había decidido donar su empresa a un fideicomiso para luchar contra el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad. El 100 por ciento de las acciones con derecho a voto será transferido a la Patagonia Purpose Trust, creada para proteger los valores de la empresa, y el 100 por ciento de las acciones sin derecho a voto, a Holdfast Collective, una organización sin fines de lucro dedicada a la lucha contra la crisis del medio ambiente y a la defensa de la naturaleza. “Hace casi cincuenta años que comenzamos nuestro experimento como empresa responsable, y apenas estamos iniciando”, dijo Yvon Chouinard, quien terminó así su mensaje: “A pesar de su inmensidad, los recursos de la Tierra no son infinitos, y está claro que hemos excedido sus límites. Pero el planeta también es resistente. Lo podemos salvar si nos comprometemos a hacerlo”. 

ctello@milenio.com

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