Porfirio Díaz, su vida y su tiempo

Ciudad de México /
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En diciembre de 1884, el general Porfirio Díaz volvió a tomar posesión como presidente de la República. Era un hombre ya maduro: acababa de cumplir cincuenta y cuatro años de edad. Había nacido en Oaxaca, poco después del triunfo de la independencia en México. Su vida estaba identificada con muchos de los acontecimientos que marcaron la historia de su país. En 1847 ofreció sus servicios a la guardia nacional, para enfrentar la invasión de los Yankees. Más adelante tuvo que abandonar sus estudios para combatir la dictadura de Santa Anna, en la revolución de Ayutla. Fue parte de la generación que rompió con la herencia de la Colonia, al abrazar la causa de los liberales que proclamaron la Constitución de 1857. Combatió a los conservadores en el Istmo de Tehuantepec, durante la guerra de Reforma. Estuvo presente en la batalla del 5 de mayo en Puebla, como general de la República. Dirigió la campaña de Oriente, legendaria, que culminó en 1867 con la derrota del Imperio de Maximiliano. Luego del triunfo de la República, al romper con Juárez, su mentor y su amigo, dirigió la rebelión de La Noria. Después encabezó la revolución de Tuxtepec, que tras los comicios de 1877 lo puso al frente de la Presidencia.

Díaz había cambiado al volver al poder en 1884. Sus metas eran diferentes: ya no la democracia y la justicia, como antes, sino la paz y la prosperidad de la República. Centró todo su empeño en estos objetivos. Aceptó la reelección, que había antes combatido, con el consenso de las élites de su país. Promovió el progreso, con la participación del capital y la tecnología que ofrecían Europa y América del Norte. Ayudado por la paz, México conoció bajo su gobierno una de las mutaciones más profundas de su historia, hizo notar el historiador François-Xavier Guerra. Esa mutación, agregó, puso en peligro el compromiso sobre el que fundaba su existencia el régimen. Al doblar el siglo XX, las élites que gobernaban la nación, fracturadas entre científicos y reyistas, desencadenaron una disputa por la Presidencia. El general Díaz, que enfrentó esa fractura ya viejo, apoyó a los científicos contra los reyistas, los cuales expresaban la voluntad de cambio que había en México. Fue así responsable del estallido que puso fin a su gobierno. Tenía entonces cerca de ochenta años de edad. Era el personaje en el que pensamos hoy al evocar su nombre: el dictador enfrentado al descontento en el país —el de los obreros de Veracruz, los campesinos de Morelos, los mineros de Sonora y Chihuahua. Ese descontento coincidió en 1910 con la frustración de la generación más joven, identificada con Francisco I. Madero, que no encontraba un espacio para actuar en la política de México.

Al igual que La guerra y La ambición, el volumen con el que termino mi biografía, El poder, recrea el tiempo en el que transcurre la vida del general Díaz. Hace un esfuerzo por transmitir las creencias que normaban, entonces, la conducta de los mexicanos. Trata de no juzgar los hechos del pasado con los valores del presente. Recupera cartas, memorias, diarios y testimonios, para dejar hablar a los protagonistas de la historia, escuchar su voz y comprender su forma de ver el mundo. El libro propone repensar a Porfirio Díaz. Acaba de salir del horno. Fue presentado ayer por Héctor Aguilar Camín.


  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
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