¿La ley?

Estado de México /
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Las campañas electorales iniciarán formalmente el próximo año, aún y cuando el oficialismo le ha dado la vuelta a la ley electoral, adelantándose y tomando mucha anticipación, tal y como se inauguró en la pasada administración al iniciar las campañas en el esquema disfrazado de actividades partidarias. Por consiguiente, varios partidos de oposición están haciendo lo mismo.

Sería conveniente que si van a violentar la ley, al menos recuperaran un poco la decencia y cambiaran las líneas que les prohíbe hacer lo que hacen.

A la luz de estos acontecimientos me detengo a reflexionar sobre las consecuencias que este tipo de acciones tienen sobre el desarrollo de la vida social y política de los mexicanos.

No es menor el efecto que tiene en la conducta colectiva, pues el estado, entre otras obligaciones, tiene la de observar la aplicación de la ley y sancionar a quienes la violentan, en este sentido los partidos políticos de oposición, y desde luego el oficialista, están obligados a respetar la ley y contribuir, con su conducta, a la preservación de la ley; sobre todo después que desde la esfera más alta del poder gubernamental escuchamos retumbar en cadena nacional: “No me vengan con que la ley es la ley”.

Después de escucharla hace ya varios años, sigo pensando en el daño que hizo en la conciencia moral de la sociedad el aval que se dio desde el poder para autorizar de facto el incumplimiento de las leyes, que son, junto con los valores, los instrumentos que nos hemos dado las personas para garantizar la paz, y la convivencia pacífica en cualquier sociedad.

No exagero al pensar que lo anterior ha penetrado en el imaginario social, al interiorizarse la percepción de impunidad ante casi cualquier falta cometida.

¿No lo creen? les cito un par de ejemplos: vean en el trayecto a cualquier sitio, encontrarán un bote de plástico “apartando” un lugar de estacionamiento en la vía pública, que sin lugar a duda es el negocio de alguien. O en la fila natural que se hace para entrar al viaducto, observarán que nunca falta quien se salte la fila para “ganar” acceso al río vehicular.

Y qué decir del ilícito de moda en el que se allanan “refinerías” en forma, dedicadas al almacenamiento, procesamiento y distribución ilegal de gasolina, que coloquialmente se denomina “huachicol” fiscal, y que es un robo liso y llano a la nación, sin eufemismos.

Y raro ¿lo notan?... generalmente no hay detenidos.


  • Carolina Monroy
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